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En el aniversario
110 del nacimiento de Renée Méndez Capote.
Recordando a una cubanita
Por
Matilde
Salas Servando

Renée es, para nosotros,
una amable figura del pasado y del presente.
(Foto: Archivo) |
Poco después de iniciarse el siglo
XX, nació en La Habana una niña que andando
el tiempo contó que en sus primeras horas de vida era
“grande y gorda, alegre, sana, rebelde y vigorosa”,
quien recibió por nombre Renée Méndez-Capote
Chaple.
De su infancia ella dijo en una ocasión:
“A la edad en que otros niños solo habían
leído a Salgari, mis hermanos y yo conocíamos
la mitología griega y el martirologio cristiano, los
grandes maestros de la pintura universal, la teoría
de la evolución, la posibilidad de más mundos
habitados y habíamos leído El Quijote, la Divina
Comedia, el Paraíso Perdido y los dramas de Shakespeare
en ediciones especiales para niños”.
Desde sus años juveniles Renée
sintió un gran apego por la lectura, y durante su adolescencia
creó con su hermana Sara la revista Artes y Letras,
publicación que marcó el inicio de su vocación
como escritora.
Dio pie de firma a sus artículos
en importantes publicaciones como el Diario de la Marina y
las revistas Bohemia y Social, y en época más
cercana el periódico Juventud Rebelde, la revista Mujeres
y el semanario infantil Pionero recibieron de su pluma amenas
historias, en las que, alguna vez, era la protagonista y otras
fueron elaboradas en largos períodos de imaginación
creadora.
Cerca de una veintena de agradables títulos
permiten conocer a fondo las vivencias de Renée, una
escritora que supo reflejar de forma amena y magistral una
amplia época de la sociedad cubana —principalmente
la habanera—, con pinceladas literarias que retratan
a diversos personajes y costumbres.
Por ella se han conocido, de primera mano,
exquisitas anécdotas sobre la patriota puertorriqueña
Lola Rodríguez de Tió, la mambisa América
Arias, el pedagogo Enrique José Varona, la
educadora Ángela Landa; la pianista Luisa Chartrand,
María Teresa Holmes con su hija Calixta Guiteras y
la bailarina rusa Anna Pávlova, quien debutó
en marzo de 1915 en La Habana, ciudad donde realizó
una corta pero exitosa temporada de actuaciones.
Entre los títulos más
conocidos de esta autora están: “Oratoria cubana”
(1927), “Memorias de una cubanita que nació con
el siglo” (1963), “Amables figuras del pasado”
(1981) y “Por el ojo de la cerradura” (1977),
de los que Renée dijo que son el producto de “lo
visto, oído, conocido, gozado y sufrido, experimentado
y registrado”.
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