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De igual modo el sistema de salud pública prioriza en sus estrategias a esta población —trascendió en el panel mencionado—, pues desde la infancia cuentan por ejemplo con un esquema de vacunación que los protege de múltiples enfermedades, además de la cobertura sanitaria gratuita y accesible para todos los grupos de edades.
Otra muestra de ello es la atención primaria prenatal universal y el parto institucionalizado para todas las embarazadas, sin tomar en cuenta si viven en zonas rurales o urbanas. Ello se comporta con especial atención para aquellas que residen en zonas de difícil acceso, lo que garantiza la salud materna y contribuye a que se alcancen indicadores de mortalidad materna de calidad; y para las madres adolescentes que reciben un seguimiento estricto y un acompañamiento durante el embarazo, el parto y el puerperio.
Ellos y ellas en el centro del vórtice
El mayor y mejor recurso de un país es su población, por lo que construir una sociedad que incluya a cada segmento de esta es vital para la articulación de cualquier proyecto social. Pero, son los adolescentes y jóvenes estratégicos dentro de esta construcción, y conocer hacia donde van, qué piensan, necesitan, y quieren es el primer paso…
En Cuba, son múltiples las urgencias y desafíos a los que se enfrentan todavía. Según refirió el CESJ en el panel, enfocar desde el género las estrategias políticas para la atención a las juventudes y a toda la población sigue siendo necesario, en aras de posibilitar una educación popular transformadora de los basamentos machistas de nuestra cultura cívica, defendidos incluso por mujeres de todas las edades. Al respecto, las percepciones de riesgo de enfermedades de transmisión sexual y embarazo —señalaron los ponentes— son más expresadas por mujeres y esto no es por correspondencia genética sino social.
Por otro lado, la cultura y otras consideraciones familiares inciden en que aún no sean muchos los hombres, ni familias las que se acojan a “la ley de paternidad” luego del nacimiento de los hijos, la cual permite la asunción familiar de estrategias en función de la rápida incorporación de la madre joven al escenario de estudio o trabajo.
Se trata del Decreto-Ley 234 de la Maternidad de la Trabajadora (2003), con su Resolución complementaria número 22/2003, que otorga iguales derechos a los padres cubanos para obtener una licencia laboral y quedarse al cuidado de los hijos durante el primer año de vida. Si bien esta ley es un logro, aún este derecho encuentra prejuicios, estereotipos y resistencias en la sociedad cubana.
También, señalaron los panelistas, los escasos servicios de cuidados a personas adultas mayores condicionan, de igual forma, la dedicación de las mujeres a estos, renunciando a sus proyectos de vida como estudiantes o trabajadoras.
La investigadora del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana (CEDEM), Grisell Rodríguez, decía sobre este tema a Granma que esto forma parte de un problema “puertas hacia adentro, donde se mantienen y reproducen patrones de comportamiento machistas, y prevalece la sobrecarga de roles a la mujer”.
Es una realidad que las responsabilidades asumidas hacia el interior de la familia hacen que muchas jóvenes capacitadas, renuncien a las posibilidades de ocupar cargos de dirección en el escenario del Estado y el gobierno; a pesar de las políticas que favorecen que esto pueda ser posible. A ello, se suma la carencia de escenarios de cuidado a los menores, en respuesta a la alta demanda, por lo cual muchas se ven ante la disyuntiva de renunciar al estudio o el trabajo, para cuidar a su descendencia, dijeron los expertos.
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