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Sexualidad y salud

¿La alegría de ser mamá? (Cont.)
28 Jun 2015

 

No obstante, parece que el fenómeno anda globalizado, pues el inicio de la actividad sexual oscila entre los 12 y 14 años de edad a nivel mundial. En ello inciden la falta de educación sexual y el desconocimiento sobre la sexualidad humana.

Como factores de índole psicológica –dicen los especialistas-, ha de considerarse que las adolescentes muchas veces llegan al coito no por razones puramente sexuales, sino como una manera de independizarse de los adultos, o bien como un mecanismo para satisfacer necesidades afectivas.

Se han encontrado algunos factores de personalidad que favorecen el embarazo adolescente, como la dificultad de establecer metas apropiadas y gratificarse a sí misma por sus propios logros, escasa tolerancia a la frustración, inestabilidad emocional, falla en el control de los impulsos, afectividad empobrecida y escaso nivel de madurez emocional.

Otro elemento puede ser una autoestima disminuida, por lo que algunos jóvenes buscan el sexo para satisfacer su necesidad de autoafirmación, ejemplos todos que pueden arrastrarlas a una maternidad no deseada o asumida antes de tiempo.

Estadísticas sobre regulaciones menstruales recopiladas en los diferentes niveles de atención del MINSAP a nivel nacional, arrojan que 70% aproximadamente son para interrumpir embarazos, y de ellas, 30% corresponden a ¡menores de 19 años!

Adolescencia y maternidad
El embarazo en la adolescencia es una crisis que se sobreimpone a la crisis de la adolescencia. Comprende profundos cambios corporales, psicológicos y sociales con incremento de la emotividad y de los conflictos personales no resueltos.

Generalmente estas gestaciones no son planificadas, por lo que la adolescente puede adoptar diferentes actitudes que dependerán de su historia personal, del contexto familiar y social pero, mayormente, de la etapa de la adolescencia en que se encuentre.

En la adolescencia temprana —con menos de 14 años— el impacto del embarazo se suma al del desarrollo puberal. Se exacerban los temores por el dolor de parto; se preocupan más por sus necesidades personales y no piensan en el embarazo como en un hecho que las transformará en madres. Se vuelven muy dependientes, sin lugar para una pareja aunque esta exista realmente. No identifican a su hijo como un ser aparte de ellas y, por lo común, no asumen su crianza, la que queda a cargo de los abuelos.

En la adolescencia media —entre los 14 y 16 años— es usual que “dramaticen” la experiencia corporal y emocional, por lo que se sienten posesivas del feto, al que utilizan como un “poderoso instrumento” que les afirma su independencia de los padres. Frecuentemente oscilan entre la euforia y la depresión.

Con buen apoyo familiar y del equipo de salud consiguen desempeñar un rol maternal, y es muy importante para ellas la presencia de un compañero. Si el padre del bebé las abandona, puede que busquen inmediatamente otra pareja aún durante el embarazo.

 

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