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Historia

Amalia, la portadora de una belleza singular
Este 23 de enero se cumple otro aniversario de la muerte de la esposa de Ignacio Agramonte, El Mayor de las guerras de independencia, ocurrida en La Habana luego de haber dedicado toda su vida a enaltecer el digno recuerdo de su compañero.

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7 Jul 2014

 

 

(...) quien también sabe conmover al que lo escucha, arrancará siempre esos aplausos entusiastas que salen del corazón y hacen sentir tan noble orgullo a sus compatriotas (...)

Así le escribió Amalia Simoni a José Martí cuando lo escuchó pronunciar su discurso por el vigésimo aniversario del estallido de la Guerra de los Diez Años, con lo que confirmaba su admiración por el Héroe Nacional cubano.

Este 23 de enero se cumple otro aniversario de la muerte de la esposa de Ignacio Agramonte, El Mayor de las guerras de independencia, ocurrida en La Habana luego de haber dedicado toda su vida a enaltecer el digno recuerdo de su compañero.

(...) pronto espero estrecharte contra mi corazón, a ti y a nuestros hijos queridos ... pero si sucediera lo que yo no espero a todos los buenos cubanos recomiendo a mi ejemplar compañera y a mis hijos (...) escribiría Ignacio Agramonte, quien dejó para la historia un hermoso epistolario dirigido a su esposa, que ha trascendido en la historia como una prueba de amor, fidelidad, patriotismo y entrega.

Amalia Simoni, hija de una de las familias más prestigiosas y acomodadas del Puerto Príncipe de la primera mitad del siglo XIX, había logrado una educación y una cultura avaladas por estudios en Europa. Estados Unidos y Canadá; portadora de una belleza singular que, a decir de nuestra escritora Aurelia Castillo, amiga suya y de Ignacio, parecía que había sido creada para llevar sobre sus hombros un manto real.

Familia de ideales patrióticos, como la mayoría de los que amaban la independencia en el Camagüey, se unieron a la causa de Carlos Manuel de Céspedes, y fueron los Simoni a la manigua redentora dejando lujos, comodidades y bienestar por la Patria.

En la manigua nació el primer hijo de Ignacio y Amalia, de la manigua fueron separados la mujer y el hijo del amado para no verse nunca más, llevando ella en su vientre a la niña que nunca conoció al padre.

Amalia fue ejemplar durante la Guerra. Cuando ya Cuba dejó de ser colonia española para convertirse en neocolonia yanqui, Mérida y Estados Unidos, fueron tierras que cobijaron las lágrimas y el dolor de la idolatrada de El Mayor, hasta que decidió regresar a la Patria y establecer su residencia en La Habana, sin que nadie pudiera hacerla asistir a acto público y mucho menos aceptara una pensión por ser la viuda de Ignacio Agramonte, alegando: "Mi esposo no peleó para dejarme una pensión, sino por la libertad de Cuba".

En el testamento suscrito por Amalia en Nueva York y luego ratificado durante su visita a Camagüey con motivo de ser develada la estatua ecuestre de El Mayor del céntrico parque de la ciudad que lleva su nombre, la destacada mujer expresó que como su última voluntad: "(...) si mi fallecimiento ocurre en la isla de Cuba, mi cadáver sea enterrado junto con mi padre (...)". Deseo que fue cumplido, por lo que sus restos descansan en la necrópolis de Camagüey desde el 1ro. de diciembre de 1991.

 

  

(Tomado de Adelante digital)

 

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