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Amor, bendito amor. Cuántas canciones, poemas, libros en tu nombre. El amor —el verdadero y puro, y no el egoísta y mezquino sentimiento de posesión que algunos confunden— no es solo deseo o pasión o un sentimiento intenso hacia una persona u objeto, sino una conciencia que es, a la vez, desinteresada y que satisface al propio ser.
Se puede sentir amor por un país, por un propósito apreciado, por la verdad, la justicia, la ética, por las personas, la naturaleza, el servicio a los demás. Se puede sentir amor por todo. Dice un refrán que “el amor emana de la verdad, y de la sabiduría”.
Amor significa no fijarse en las debilidades de los demás, sino interesarse en eliminar los defectos propios. El método para hacer esto tiene mucho que ver con revisarse internamente con regularidad para verificar hasta qué punto se ha adoptado el hábito natural de hacer felices a los demás, en vez de hacerles sufrir.
Sin embargo, el amor verdadero del corazón también significa que uno no puede soportar el ver las debilidades de aquellos a quienes ama. Hay un deseo puro de corregir lo que no nos parece adecuado.
Tal corrección se llevará a cabo, por un lado, con los sentimientos de amor y, por otro, con el poder de las palabras. Debe haber un equilibrio entre ambos, pues cuando las palabras son demasiado fuertes o excesivas, el resultado no es satisfactorio. Si son muy hirientes, el otro puede sentirse insultado o humillado por el autoritarismo.
Cuando se consigue el equilibrio correcto entre amor y poder en las palabras, se da a los demás la experiencia de la compasión, misericordia y beneficio.
No importa cuán poderoso o amargo sea el mensaje, conmoverá el corazón del otro y se experimentará su veracidad
Los seres humanos se han quedado atrapados en un modelo de comportamiento que ha distorsionado el valor del amor y la capacidad de confiar mutuamente en os sentimientos o intenciones. En un momento dado hay amor y en el siguiente, ese amor se rompe, produciendo un dolor y pesar inmensos. Es como si el intelecto humano hubiera perdido la conexión y se apoyara solamente en los recursos temporales.
Como consecuencia, en lugar de poseer una sola fortaleza y un solo apoyo de esa fuente incondicional de ser uno mismo, las almas humanas permanecen sedientas de amor verdadero, y lo anhelan aunque solo sea una gota.
Sin este amor puro estaremos condenados a continuar buscándolo, vagabundeando angustiados.
“Ama al prójimo como si fueras tú mismo”, pudiera ser una receta práctica.


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