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Ciencia y tecnología

El amor entra por… la nariz (Cont.)
16 Oct 2015

 

 

Después esta información es asociada a nuestra forma de ser, prioridades y anhelos de forma positiva o negativa según sea el “flechazo” o no. Son estas hormonas las que determinan primariamente si el carácter de la persona que acabamos de ver y no conocemos, ajusta con nuestro modelo de pareja, entonces comienza el proceso de acercamiento y cortejo

El deseo puro
El olfato puede crear recuerdos más duraderos que una imagen, este proceso es llamado memoria olfativa. El aroma pasa por la nariz y va directamente al sistema límbico en el cerebro, sitio donde se procesan las emociones primarias, sin racionalización alguna (de ahí la explicación de la pasión que pueden producir los olores).

La química de estos procesos sugiere que, entre dos personas, por su olor, puede surgir una atracción inmediata. Es el primer signo que lleva a detallar a un posible compañero y decidir si estamos dispuestos a establecer una oportunidad de interacción.

La fragancia de las feromonas se asocia entonces con la seducción y la atracción sexual animal, no a conveniencias ni elementos de razonamiento. Constituye la forma más primitiva de sentirnos invadidos, lo más semejante al deseo puro, a la seducción sin explicaciones.

Química salvaje vs. racionalidad
Aunque los tiempos modernos plantean la conveniencia por encima de la atracción, como si de aditivos materiales se nutriera la espiritualidad y el deseo, lo cierto es que estos “flechazos” no desaparecen.

Muchas explicaciones han surgido contra la existencia del amor a primera vista. La más aceptada está basada en las distintas personalidades. Se dice que los individuos frágiles de carácter son capaces de enamorarse o sentirse flechados con la misma asiduidad que se cambian de ropa.

Asocian esta tendencia a personas sin ideas claras y muy volubles. Esta incertidumbre les provoca estar enamorados en un instante y varias semanas después afirmar que “esa relación no significaba nada”.

Los románticos son aquellos que asocian el amor con la atracción e intentan vivir la relación como un cuento de hadas. Cuando la realidad los alcanza, pueden padecer, porque esperan más de lo que les pueden ofrecer.

En las personalidades fuertes el rasgo definitorio es el carácter. Este tipo de persona niega la existencia del primer impacto. Aunque suelen ser tiernos en su interior, les cuesta mostrar este lado sensible ante los demás y, por lo tanto, reconocer que se han enamorado.

 

 

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