Se encuentra usted aquí

Arte

Ana Betancourt, precursora de los derechos de las cubanas
Desde la temprana época de los años sesenta del siglo XIX la mujer cubana comenzó a defender sus derechos plenos, entre ellos a los de luchar por la independencia de la Patria. La predecesora de tales anhelos fue la patriota Ana Betancourt
9 Sep 2014

 

El 14 de diciembre de 1832, la ciudad de Camagüey recibió en su seno a una acaudalada niña, a quienes sus padres nombraron Ana María de la Soledad Betancourt Agramonte, y le dieron una educación pragmática, como correspondía a su clase, época y género: música, bordados, tejidos, cocina y atenciones hogareñas. Su localidad la vio convertirse en una joven bella, majestuosa e inteligente, de fuerte, severo —y a la vez dulce—, espíritu.

Contrae nupcias en 1854 con el abogado Ignacio Mora de la Pera, quien promovió en ella el ávido interés por ampliar sus conocimientos, que incluyeron literatura, gramática, historia e idiomas. La pareja abraza el independentismo. Mora parte junto a Ignacio Agramonte a luchar por la libertad de Cuba días después de iniciada la conocida como Guerra de los Diez Años contra el coloniaje español. Su esposa le alienta: "Por ti y por mí, lucha por la libertad". Y le pide: "Úneme a tu destino, empléame en algo, deseo como tú consagrar la vida a la lucha por mi patria".

A causa de su comprometimiento con los insurrectos (fue designada agente del Comité Revolucionario del Camagüey), Ana tuvo que partir hacia la manigua, el 4 de diciembre de 1868, a compartir las vicisitudes con su esposo, a quien ayuda a escribir y corregir las proclamas revolucionarias que publicaba en el periódico El Mambí. Participa con otros jóvenes, en el poblado camagüeyano de Guáimaro, en la primera Asamblea Constituyente de la República de Cuba. Al terminar las sesiones de debates, habla en un mitin:

"Ciudadanos: La mujer cubana en el rincón oscuro y tranquilo del hogar esperaba paciente y resignada esta hora sublime, en que una Revolución justa rompe el yugo y le desata las alas.

''Todo era esclavo en Cuba, la cuna, el color, el sexo. Vosotros queréis destruir la esclavitud de la cuna peleando hasta morir si es necesario. La esclavitud del color no existe ya.

''Cuando llegue el momento de libertar a la mujer, el cubano, que ha echado abajo la esclavitud del color, consagrará también su alma generosa a la conquista de los derechos de la que es hoy en la guerra su hermana de caridad, abnegada, que mañana será, como fue ayer, su compañera ejemplar."

Sobre estas perecederas palabras, Carlos Manuel de Céspedes, elegido Presidente de la República de Cuba, predijo al felicitarla: "El historiador cubano al escribir sobre este día dirá cómo usted, adelantándose a su tiempo, pidió la emancipación de la mujer". Algunos cronistas la consideran la primera líder feminista de Cuba y Latinoamérica, en una época en que el ambiente patriarcal prevalecía en las costumbres.

En julio de 1871 el enemigo los sorprende en La Rosalía; Ana logra que Mora escape, aunque es detenida (una crisis de artritis le impiden huir), y la llevan hasta Jobabo. La mantuvieron tres meses a la intemperie bajo una ceiba, para atraer al coronel Mora (a quien no volvería a ver). Soportó hasta el simulacro de un fusilamiento, por negarse a escribir a su compañero para que se entregara. Los soldados españoles la insultaban llamándola "La Madame Roland Mambisa" o ''La Madame Marat".

Enferma de reuma y tifus, es deportada, y en octubre de 1871 sale hacia México. Poco después se radicó en la ciudad estadounidense de Nueva York. Da clases a hijas de emigrantes cubanos, así como en Jamaica y El Salvador, donde recibe una hermosa misiva de Mora en la cual le alienta: "Bien, mi Anita, principias a recoger el fruto de tu bella inteligencia".

En 1872 visitó al presidente de Estados Unidos, Ulises Grant, para que intercediera a favor del indulto de los estudiantes de Medicina presos por los sucesos de noviembre de 1871. Ese mismo año pasó a residir en Kingston, Jamaica, donde en noviembre de 1875 recibió la noticia del fusilamiento de su esposo. Regresa a Cuba llena de pesares.

Poco después va a vivir con una hermana en Madrid, y desde allí transcribe el diario de Mora y sigue conspirando por la libertad de la Isla. Establece contactos con su sobrino Gonzalo de Quesada, ilustre patriota. Cuando conoce del fracaso de La Fernandina, le escribe: “La mala suerte nos persigue y esos perros yanquees nos hacen todo el mal que pueden... más no hay que desalentarse por ello... la sangre de los héroes que ha empapado nuestra tierra, la tierra de nuestros campos, la fecundará"

Realizaba los preparativos para regresar a Cuba cuando una bronconeumonía fulminante le produce la muerte en la capital de España, a los 69 años de edad, el 7 de febrero de 1901. Sus restos fueron trasladados a La Habana y actualmente reposan en un panteón erigido en su memoria, en Guáimaro. Su Patria no olvida a quien abrió la posibilidad de la mujer de luchar por obtener un sitio digno dentro de la sociedad

En su homenaje fue creada la Orden Ana Betancourt al mérito, otorgada a las mujeres que contribuyan de forma destacada a la defensa de los valores femeninos, revolucionarios, internacionalistas o en algún meritorio trabajo. Al principio era el máximo galardón de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), pero desde 1979 fue elevado a Premio de Estado.

 

Escribe aquí tu comentario

Filtered HTML

  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Etiquetas HTML permitidas: <a> <em> <strong> <cite> <blockquote> <code> <ul> <ol> <li> <dl> <dt> <dd>
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Plain text

  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
Image CAPTCHA
Introduzca los caracteres mostrados en la imagen.