Vengador del honor de las cubanas
Mateo Orozco era un mulato vendedor de pan que desafió a duelo a Castañón tras su arribo a Cayo Hueso, pero el recalcitrante periodista español no lo aceptó, al alegar: “No me bato con personas de baja calaña”.
El día del tiroteo, Orozco se presentó acompañado por los hermanos José y Joaquín Botella en el hotel Russell House, en el que se hospedaban los españoles. Tras breve discusión, ambas partes echaron mano a sus revólveres. Orozco, al escapar del lugar luego del intercambio de disparos, gritó: “¡Viva Cuba libre! ¡Cubanas, estáis vengadas!”.
Algunas fuentes aseguran que Orozco, para evitar la justicia norteamericana, huyó a Nassau y luego a Jamaica, donde falleció. Otras dicen que fue juzgado y absuelto por considerar el tribunal que actuó en defensa propia. Y unas terceras, que no hubo juicio por falta de evidencias.
Los hermanos Botella se fueron a la manigua y José cayó en combate en 1871, cinco meses antes del fusilamiento de los estudiantes de Medicina.
El defensor honorable
Federico Capdevila Mignano (o Miñano) nació en 1845 en Valencia, España. En 1862 se graduó de subteniente en el Colegio de Infantería de la Reina y permaneció en una guarnición en España hasta 1868, año de su envío a Cuba. Al comenzar la Guerra de los Diez Años se encontraba destacado en Holguín.
Al ocurrir los sucesos que involucraban a los estudiantes con la profanación de la tumba de Castañón, ya Capdevila era capitán, estaba en La Habana en espera de un nuevo destino. Seleccionado abogado defensor de oficio de los cuarenta y cinco jóvenes encausados, cumplió su función cabalmente y, por las violaciones de procedimiento cometidas, se negó a firmar el acta de la sentencia.
Tal actitud provocó la ira de los voluntarios. Su situación en la capital se hizo insostenible, por lo que fue enviado a Holguín, pero el odio de los españoles más recalcitrantes lo perseguiría toda su vida.
En 1873 se casó en Sancti Spíritus con Isabel Pina Estrada, perteneciente a una humilde familia criolla de esa localidad, quien lo acompañó hasta la muerte y con la cual tuvo varios hijos. Por las amenazas de los voluntarios se marcharon a España, para regresar a Cuba en las postrimerías de la Guerra de los Diez Años.
El general Arsenio Martínez Campos lo encuentra en uno de los fortines de la Trocha de Júcaro a Morón, lo asciende a comandante y lo pone a sus órdenes; con astucia utiliza el respeto que sienten los cubanos por Capdevila en los sondeos previos al Pacto del Zanjón.
Al terminar la guerra, Capdevila asume el mando de un batallón en Holguín, en 1886 es injustamente inculpado por mal manejo de los fondos de su unidad y pasa tres años prisionero en el Morro de Santiago de Cuba. En 1889 las autoridades españolas reconocen haberse equivocado y es absuelto, tras lo que se retira del ejército con el grado de teniente coronel y pasa a residir en Santiago.
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