Y es que la presencia del Alzheimer solo se advierte una vez que el deterioro cognitivo es muy marcado, ya que avanza sin que medie advertencia.
Y aunque daña principalmente a la memoria y el lenguaje, desde hace varias décadas un criterio se viene reforzando entre la comunidad científica y médica: también afecta la capacidad olfativa.
La tesis fue expuesta y desarrollada hacia mediados de los años ochenta del siglo pasado. Los investigadores comenzaron a encontrar más pruebas del estrecho vínculo entre olfato y memoria.
Pero fue el doctor Richard L. Doty, de la Universidad de Pensilvania, quien demostró que la imposibilidad para distinguir olores indicaba la presencia de un trastorno neurodegenerativo, incluso antes de que se presenten los primeros síntomas.
Tales resultados llevaron al equipo del doctor Doty a desarrollar la Prueba de Identificación de Olores de la Universidad de Pensilvania, que relaciona la disminución en la capacidad olfativa de las personas con una posterior aparición del Alzheimer.
Las deducciones y test del especialista han servido de guía para posteriores estudios en diversas partes del mundo, los cuales además prevén que el Alzheimer se convertirá en uno de los males neurológicos que más nos afectará.
Aunque parte de la noticia es desalentadora, las actuales pruebas dejan puertas abiertas a una posible solución, y pueden ser la nariz y el cerebro los que den la alerta para salvaguardar a nuestra memoria.
Nariz y cerebro: para rescatar el pasado
La percepción de olores está íntimamente vinculada con la evolución y supervivencia humana. Desde épocas prehistóricas el olfato compensaba y hasta en ocasiones sustituía el diagnóstico de una situación, cuando el alcance visual o auditivo era insuficiente o inexistente.
Por solo citar un ejemplo, ¿cuántos de nuestros antepasados no habrán desechado o evitado alimentos u otras sustancias por el olor que emanaban?
Pero, percibir aromas también se asocia con la capacidad para recordar. Para algunos, el olfato es un sentido evocador por excelencia por su potencial para intensificar un recuerdo: basta un aroma para que rememoremos los más inusitados detalles de situaciones aparentemente olvidadas.
Hay fragancias que nos transportan de vuelta a la infancia, se quedan grabadas en nuestra memoria y al sentirlas, el tiempo nos devuelve imágenes o sensaciones de una época anterior.
Este hecho constituye el modelo y la premisa fundamental de un equipo multidisciplinario de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), pues permite aprovechar esta característica asociativa de nuestro cerebro para ayudar a la medicina a detectar el Alzheimer antes de los primeros síntomas
Rosalinda Guevara, coordinadora del equipo y doctora en Ciencias Biomédicas por la Facultad de Medicina de la UNAM, precisó que la disfunción en el sistema olfatorio es uno de los signos más tempranos de la Demencia Tipo Alzheimer y de otras enfermedades neurodegenerativas.
La especialista indicó que “la identificación y la discriminación, ambas del tipo olfatoria, son clave para determinar si la persona está desarrollando el padecimiento, pues el deterioro de estas capacidades se manifiesta, incluso, seis años antes de que la enfermedad llegue a su etapa avanzada”.
Según refiere el equipo investigativo de la UNAM, se aplicó una prueba sencilla a dos grupos etarios: jóvenes y personas mayores de sesenta años. En el intento por reconocer determinados olores, diferenciar aquellos similares o familiarizarse con otros, los investigadores constataron que los adultos mayores presentaron graves problemas.
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