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(Publicado en 2012)
Durante la dictadura de Augusto Pinochet, el connotado y confeso terrorista Luis Posada Carriles es enviado a Chile en 1976 para sostener reuniones con el neofascista italiano Stefano Delle Chiaie, miembro de la Operación Gladio, ideada por la ultraderecha después de la Segunda Guerra Mundial con el objetivo, según decían, de prepararse ante una eventual invasión de la Unión Soviética a Europa Occidental.
Del encuentro surge la coordinación de atentados violentos contra blancos de la izquierda chilena y otros objetivos potenciales en América Latina o naciones relacionadas con esta región, entre los que se cuenta la detonación de una bomba en la Embajada de Cuba en Portugal, hecho ocurrido el 22 de abril de 1976.
Sobre ese crimen, en el discurso pronunciado en la Plaza de la Revolución, durante el acto de despedida de duelo de las víctimas del avión de Cubana de Aviación, destruido el 6 de octubre de 1976 en pleno vuelo, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz denunció:
“En los últimos meses el Gobierno de Estados Unidos, resentido por la contribución de Cuba a la derrota sufrida por los imperialistas y los racistas en África, junto a brutales amenazas de agresión, desató una serie de actividades terroristas contra Cuba. Esa campaña se ha venido intensificando por día y se ha dirigido, fundamentalmente, contra nuestras sedes diplomáticas y nuestras líneas aéreas”.
Quienes pusieron la bomba de alto poder (más de seis kilogramos de explosivos) que estalló hace 36 años en la embajada de Cuba en Lisboa, y ocasionó la muerte a los funcionarios diplomáticos Adriana Corcho Callejas y Efrén Monteagudo Rodríguez —también hirió gravemente a varios más y destruyó totalmente el local—, no tuvieron en cuenta que pondrían en peligro a varios niños cubanos que regresaban de la escuela, quienes se salvaron solo por azar.
Lejos de destruir a la Revolución, la vigorizaron, porque ante tales crímenes el pueblo se dispuso y se dispone con nuevas fuerzas a defender sus conquistas. Crece la unidad que hace invencible a los cubanos, quienes viven orgullosos en su Isla y a los que no han podido doblegar a pesar de tan abominables sucesos.
Y porque tenemos la necesidad de defendernos de los atentados terroristas, es que han surgido hombres honestos y dignos dispuestos a asegurar un mundo mejor, como los Cinco Héroes cubanos injustamente prisioneros en cárceles de Estados Unidos.
Es que sabemos que los que emplean los medios más sofisticados para el terror y el crimen son protegidos por la Casa Blanca, se mueven impunemente por Miami y cuentan con incontables recursos financieros.
Impedir nuevos daños era la labor de los Cinco, y esa es suficiente razón para que sean liberados inmediatamente.
Fuentes:
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