Se encuentra usted aquí

Arte

La Avellaneda en el siglo XXI
Desde el siglo XIX nos llega la poesía de la mujer que escribió bajo el seudónimo de La Peregrina: Gertrudis Gómez de Avellaneda. Con un estilo inconfundible y arrastrando consigo el dolor a todas parte, refleja su trágica vida a través de la pluma

Por

10 Sep 2014

Desde el siglo XIX nos llega la poesía de la mujer que escribió bajo el seudónimo de La Peregrina: Gertrudis Gómez de Avellaneda. Con un estilo inconfundible y arrastrando consigo el dolor a todas parte, refleja su trágica vida a través de la pluma.

Con sus rizos y trajes extravagantes, aunque suene extraño, guarda variadas similitudes con muchas de las adolescentes cubanas de jeans y camiseta, que andan hoy por este siglo desgarrando el papel con su sentir.

Todos hemos sufrido un desamor, a todos nos han dicho, al menos una vez: NO. Lo cierto es que aunque a veces lo disimulamos, esas cosas nos duelen tanto, que nos hacen dedicarle un pedacito de la libreta y hasta páginas enteras de un diario a este amor imposible telenovelesco, que se niega a morir.

Las cosas no han cambiado mucho desde que la Avellaneda ya no está, solo que ahora Ignacio de Cepeda y Alcalde (el amor de su vida) ha pasado a llamarse Alejandro, Christian o Reinier. Las tardes de tertulia transcurren en alguna que otra matinée del Café Cantante, y los rizos desaparecieron con pases mágicos de una plancha eléctrica para cabello.

Pero el dolor, la pasión y los versos, no se han ido. Es como dicen los integrantes del dúo Buena Fe: “Aunque sigan labrando el camino a la gente con tecnologías, seguiremos llorando como el Neandertal”.

Su poesía, quedó para la historia y sigue inspirando a generaciones entera. Muestra de ello es el siguiente fragmento extraído de uno de sus poemas:

Un tiempo hollaba por alfombras rosas;
y nobles vates, de mentidas diosas
prodigábanme nombres;
más yo, altanera, con orgullo vano,
cual águila real a vil gusano,
contemplaba a los hombres.

Hoy, despeñada de la excelsa cumbre
do osé mirar del sol la ardiente lumbre
que fascinó mis ojos,
cual hoja seca al raudo torbellino,
cedo al poder del áspero destino...
¡Me entrego a sus antojos!

Así era como las damas de antaño aceptaban su final al lado de los demagogos del amor, y algo como lo que sigue escriben las mujeres de hoy:

Aún llevo conmigo
la resaca de este amor,
por el que me volví ebria,
ebria de una ilusión.

Aún cargo conmigo,
Las lágrimas de este réquiem,
Que hace que te soporte.
Aun cuando no estás presente.

Aún escondo en mis venas,
El desosiego del verte sin mirar,
Y la sonrisa perdida,
Del oír sin escuchar.

Aún recobro en cada día,
la abstinencia de no gritarle al mundo,
que te me quedaste enterrado
como una astilla.

Aún guardo en el diabólico
subsistir de las mañanas,
El ósculo que me diste
y no quemaste en tu brasa.

Como la cruz de una promesa,
como el caracol a su casa,
así te llevo conmigo,
así te aguanta mi alma.*

 

* Los versos son de la autora del trabajo.

 

 

Artículos relacionados
La primera cubana representada en los sellos
La Avellaneda: una mujer entre el amor y sus consecuencias
Gertrudis Gómez de Avellaneda, Tula de amor y poesía
La muerte en la vida de Gertrudis Gómez de Avellaneda
 

 

 

Escribe aquí tu comentario

Filtered HTML

  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Etiquetas HTML permitidas: <a> <em> <strong> <cite> <blockquote> <code> <ul> <ol> <li> <dl> <dt> <dd>
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Plain text

  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
Image CAPTCHA
Introduzca los caracteres mostrados en la imagen.