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Historia

Bayamo, la ciudad de los epítetos
Bautizada por Diego Velázquez el 5 de noviembre de 1513, la segunda villa creada tras el descubrimiento de la Isla creció desde muy pronto en el espíritu rebelde de sus hijos

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23 Ene 2015

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Fragua, yunque y martillo del alma de Cuba. Crisol del ímpetu fiero y el don de la hospitalidad. Pluma y eco del canto patrio repetido en un coro de pueblo. Intransigencia grabada en fuego sobre su propio cuerpo. Nacida y vuelta a nacer, mientras la libertad es consigna.

A 499 años de su fundación, Bayamo lleva sobre sí el orgullo de una nación entera. La historia de una comarca jamás decidió con tanto peso el destino de un país, ni mereció semejante cifra de apelativos ganados por un inmenso currículo de glorias y heroicidades.

Bautizada por el adelantado español Diego Velázquez el 5 de noviembre de 1513, la segunda villa creada tras el descubrimiento de la Isla creció desde muy pronto en el espíritu rebelde de sus hijos.

Su carácter indómito fue, sin dudas, motivo suficiente para el otorgamiento demorado del título oficial de ciudad, firmado por la metrópoli 324 años después del parto.

Precisamente en los acontecimientos aupados por las irrefrenables ansias libertarias, le vino el ilustre sobrenombre de Cuna de la Nacionalidad Cubana. En su regazo vio la luz el Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, autor intelectual y ejecutante del primer estallido independentista, punto inicial de la misma Revolución “que nuestro pueblo lleva adelante en estos instantes.”

Esa guerra anticolonial sin precedentes en el pasado de la Isla Mayor de las Antillas, tuvo en Bayamo la primera tierra liberada del yugo español, y el momento inaugural de la cadena de victorias militares del Ejército Mambí.

En el mismo contexto, el 20 de octubre de 1868, la urbe mereció el apelativo de Ciudad del Himno, cuando en papel manchado de sudor de caballo, el patriota Perucho Figueredo escribió y el pueblo entonó, la letra del más fervoroso sello musical cubano: "¡Al combate, corred, bayameses...!"

Casi tres meses después, frente al empuje abrumador del opresor sanguinario, los hijos de Bayamo prefirieron reducirla a cenizas antes que envilecer la libertad a la sombra de la rendición. Entonces la marcaron con letras de fuego, que la consagraron como Ciudad Antorcha o el Fénix de Cuba.

En el corto período, desde la entrada triunfal hasta el sacrificio triste y necesario a merced de las llamas, los patriotas del lugar crearon, por primera vez, un gobierno y un periódico revolucionarios, así como una ley de abolición de la esclavitud.

Historia, cultura y tradición
Fundadora de innumerables hitos de la historia y la cultura del país, en las inmediaciones de la actual capital de Granma sucedieron los hechos narrados en verso por la primera obra literaria cubana, “Espejo de Paciencia”; y en las calles de la urbe surgió también “La Bayamesa”, pieza que inauguró el cancionero romántico nacional en marzo de 1851.

Consecuente con la causa independentista en todas las etapas de la lucha popular por la liberación definitiva, en Bayamo ocurrió la otra acción de importancia que inmortalizó el 26 de julio de 1953 como el Día de la Rebeldía Nacional.
Bayamo también goza de la singularidad de poseer tres plazas “de la Revolución”, que argumentan, con justicia, el patronímico de Ciudad de las Plazas.

Entre ellas figura la primera de Cuba con ese nombre —llamada así por Céspedes, Figueredo y otros patriotas—, así como la Plaza del Himno Nacional y la de la Patria.

Símbolo de la más acendrada tradición, aún circulan, por calles y avenidas, centenares de carruajes de estilo colonial tirados por caballos, que validan otro alias famoso: Ciudad de los Coches.

Sin embargo, en 1935 le llegó a Bayamo el más grande título, en reconocimiento de todos los valores y honores acumulados a través de los siglos, cuando se convirtió en la primera ciudad de Cuba declarada Monumento Nacional.

Despertar a la modernidad
Los últimos años confirman un acompasado ritmo de avance hacia la prosperidad.
Más de mil obras de beneficio social terminadas en ese período, el acelerado aumento de la calidad de vida con importantes servicios, la limpieza impecable del ornato público y una exquisita cultura del detalle avalan la creciente fama de Bayamo.

Ya aparecen, espontáneamente, nuevos bautismos de visitantes sorprendidos: Capital del Helado, Meca de la Gastronomía y los Servicios, y otras alusiones similares que engrosan la larga lista, refrendada por la laboriosidad de sus pobladores y el ingenio de las instituciones de gobierno.

El futuro de la urbe parece que va aferrado a la canción del poeta, precisamente nacido por estos lares: “El hombre no se sienta a ver el fruto de su acción. Mañana propondrá llegar al sol”.

Convertida en destino ineludible en la ruta del viajero buscador de asombros, referente obligado de las pequeñas capitales, tal vez el próximo epíteto consagre a Bayamo, definitivamente, como la Ciudad Espejo.

 

(Tomado de www.trabajadores.cu)

 

 

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