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XXX Olimpíadas de Londres
Bermoy abrió la senda
La primera medalla de Cuba en Londres 2012, como cuatro años atrás, volvió a ser para Yanet Bermoy, la menuda judoca cienfueguera

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22 Oct 2016

(Publicado en 2012)

 

La primera medalla de Cuba en Londres 2012, como cuatro años atrás, volvió a ser para Yanet Bermoy, la menuda judoca cienfueguera. Otra vez plata, como en Beijing 2008; pero en una división diferente (los 52 kg), en la que solo cedió ante el empuje de la coreana An Kum Ae, subtitular de la capital china al igual que ella.

"Vengo a discutir el título", había avisado en los días previos a la competencia y con esa convicción salió al tatami en el centro Excel, donde fue eliminando a sus rivales, una tras otra: a la mongola Bundmaa Munkhbaatar, segunda del ranking del orbe, por ippon; a Marie Muller, de Luxemburgo, por wazari; y también por este último veredicto a la belga Ilse Heylen, bronce de Atenas 2004.

Mientras, la veterana An de 32 años también se presentaba intratable, dejando en el camino a la japonesa bicampeona del mundo Misato Nakamura, y a la francesa Priscilla Gneto y la italiana Rosalba Forciniti, a la postre ganadoras del bronce. Hasta la final, donde ambas submonarcas se vieron las caras y libraron un tenso duelo cuerpo a cuerpo, que solo se definió en la Regla de Oro (tiempo extra) cuando la asiática sorprendió a la cubana con un barrido de pierna.

De ese modo, Bermoy volvió a quedarse en plata y lamentó no alcanzar el título que desde hace cuatro años anhela. "Me había preparado para eso, yo tenía para más. Pero la coreana se presentó durísima. Muy difícil. Quería ganarle por estrategia, porque nunca la he tirado. La vez que competí con ella este año en Alemania (en el Grand Prix de Dusseldorf) le gané por dos shido y pienso que tenía que dar un poquito más. No debí descuidarme", aseguró nada más acabar el combate.

Aunque igual reconoció sentirse orgullosa de ser la primera medallista de Cuba y alcanzar otra presea en estos Juegos: "Porque es un reto que me impuse y al final lo conseguí".

De ahí que esta vez no se mostró llorosa en el podio, sino sonriente. Prueba indiscutible de que ha madurado como atleta, de que sabe que en el deporte de elite se gana y se pierde, y que conquistar una medalla olímpica, aun si no es el oro, resulta siempre algo formidable. Un mérito tremendo, que ahora mismo disfruta toda Cuba. Gracias a ella.

 

(Tomada de http://granma.co.cu)

 

 

 

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