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Arte

“Biografía de un cimarrón”: excepcional obra de juventud
A la creatividad sana, desprejuiciada, propia de un joven veinteañero, atribuye en gran medida Miguel Barnet el original modo en que concibió su novela testimonio
28 Ago 2016

 

 

A la creatividad sana, desprejuiciada, propia de un joven veinteañero, atribuye en gran medida Miguel Barnet (La Habana, 1940) el original modo en que concibió su novela testimonio “Biografía de un cimarrón”.

Considerada un clásico de la literatura cubana del pasado siglo y precursora de lo que mucho más tarde se dio en llamar “novela histórica postmoderna”, la obra arriba este año a las cinco décadas de su primera publicación.

Las confesiones que le hiciera a Barnet el centenario Esteban Montejo al recordar sus duras vivencias como esclavo, cimarrón, mambí y testigo de la naciente República, dieron pie al primer libro salido de la pluma del entonces incipiente etnólogo.

A esta especialidad, la etnología, había logrado acercarse de forma empírica el autor luego del triunfo de la Revolución, cumpliendo un sueño cercenado por el cierre de la Universidad durante los años de la tiranía.

Fue en la Biblioteca Nacional, junto a Argeliers León y otros importantes intelectuales cubanos, que Barnet pudo iniciarse en estos temas, profundizando en la cara no oficial de la historia cubana a partir de los archivos existentes en esa institución.

Con solo 21 años de edad, pero dotado de mucha curiosidad y ansias de estudio, ya formaba parte del recién creado Instituto de Etnología y Folclore, auspiciador de la investigación que lo llevó ante Esteban Montejo en el asilo conocido como Hogar del Veterano.

Aunque inicialmente el interés radicaba en las experiencias del ex esclavo y ex cimarrón, pronto se hizo evidente para el etnólogo que ante sí se abría la posibilidad de mostrar una parte más abarcadora de nuestra historia, desde la óptica de los que nunca habían tenido voz.

Así surgió “Biografía de un cimarrón”, con más intuición que ejercicio de técnicas literarias para entonces bastante ajenas al escritor; quien, no obstante, sentó pautas en el empleo del lenguaje, la perspectiva del narrador y el modo de abordar la novela histórica.

Mucho se ha debatido en distintos foros acerca de las virtudes del libro en el año del cincuentenario de su publicación y, cada vez, las reflexiones coinciden en destacar el singular modo escogido por el autor para contar parte del devenir de la nación.

En uno de esos encuentros, Francisco López Sacha atribuyó la vigencia del texto a que muestra la enorme capacidad de resistencia del pueblo cubano a partir de sus vínculos culturales; proyectándola hacia el futuro como parte de la identidad cubana.

A esta han seguido otras obras de Miguel Barnet, también poeta y ensayista, más siempre deudor de aquellos años de intrépida juventud y de la oportuna amistad que compartió con grandes hombres como Argeliers León, Fernando Ortiz y Esteban Montejo.

 

 

 

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