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La FEEM por dentro

Aniversario 36 de la FEEM
Con buen timonel
Hace casi cuatro décadas fue agrupada la juventud de la enseñanza media en una entidad de vanguardia. Su historia viene de antes; su accionar, el mismo de sus predecesores: defender la Revolución al precio que sea necesario

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15 Sep 2014

(Publicado en 2006)

 

Cuando el pasado mes de septiembre resultó elegida Patricia Flechilla como presidenta nacional de la FEEM, todos sabíamos que la organización salía fortalecida, porque a las claras, las credenciales de esta joven demuestran cuánto puede tener de madurez una personita que, por su edad, apenas atraviesa la adolescencia.

Patricia se formó al fragor de la Batalla de Ideas, y mucho nos acostumbró a sus intervenciones siempre oportunas, inteligentes y productivas. Sin lugar a dudas, la FEEM se ha beneficiado, y su accionar continuará en ascenso, igual que lo ha hecho a lo largo de sus 36 años de existencia.

Un poco de historia
Como en todos los movimientos sociales de nuestro país –máxime si se trataba de una revolución radical y equitativa–, la juventud cubana fue protagonista directa de un conjunto de transformaciones que se llevó a cabo tras el triunfo del primero de enero de 1959. De ahí que para finales de este año ya se encontrara agrupada en la Asociación de Jóvenes Rebeldes, cuyo primer congreso se celebró en abril de 1962, cuando adoptó el nombre de Unión de Jóvenes Comunistas.

A propuesta del nuevo órgano surge, en la segunda mitad del 62, la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), quienes pronto se hicieron notar, pues durante el congreso constitutivo aprueban sus estatutos y acuerdan movilizar a más de cien mil alumnos hacia la agricultura, eslabón importantísimo de nuestra economía. De tal suerte, mostraban los estudiantes el total y decidido respaldo a la Revolución Cubana.

La UES fue la primera organización de masas del estudiantado de la enseñanza media que se creó en la etapa del socialismo; es decir, el primer antecedente de la FEEM.

Salto de apoyo
Con el surgimiento de la UES se elevó, indiscutiblemente, la conciencia política de nuestros adolescentes y jóvenes que se aglutinaban en torno a un proceso sin distingos. Y mucho que hizo. Pensemos, por ejemplo, que atravesábamos los años primigenios de la Revolución, cuando todavía imperaba la desconfianza, las bandas asesinas y el enfrentamiento a las agresiones imperialistas.

Entonces los muchachos y muchachas acudieron al llamado de Fidel y se afianzaron desde sus trincheras, y fueron mejores y más abnegados estudiantes, y crearon el Servicio Militar Obligatorio, lo cual representó la concreción del deber de cada ciudadano de defender la patria socialista.

Asimismo, la Unión de Estudiantes Secundarios implementó un combate frontal contra el fraude académico y desarrolló una intensa labor movilizativa en torno a sus actividades: los Juegos Deportivos Nacionales y el Plan la Escuela al Campo son solo dos de las muestras más notorias.

Ya la Revolución contaba con el apoyo del estudiantado de la enseñanza media, ahora se precisaba de una agrupación cualitativamente más compactada para apoyar el trabajo de su gestora: la Unión de Jóvenes Comunistas…, y se da el salto.

A la UES la sustituyó, en 1967, las Brigadas Estudiantiles José Antonio Echevarría (BEJAE), una entidad de vanguardia, dirigida por profesores militantes.

Durante los tres años de existencia, las BEJAE condujeron a los estudiantes en la consecución de importantes tareas asignadas, sin olvidar la tradicional misión que los tipificaba: la docencia. Sin embargo, la ley evolutiva pedía más. Se necesitaba de un crecimiento mayor, superar errores, vencer dificultades. Nada mejor que rectificar y agrupar a estos jóvenes en una suerte de hermandad: las propias condiciones socio-históricas llevaron al nacimiento de la FEEM.

Altura mayor
Hace exactamente 36 años y como parte del proceso de fortalecimiento de las organizaciones de masa, la juventud secundarista se eleva a mayor altura. Esto es lógico: ya se había ganado en experiencia gracias a los intentos de agrupación que precedieron a la FEEM.

Ahora los alumnos sí veían coronadas sus expectativas y representados sus intereses, toda vez que se sentían parte del proceso sociopolítico del cual también eran protagonistas. La propia estructura asumida desde el principio dejaba al descubierto su total transparencia: centralismo democrático, dirección colectiva y selectividad desde la base, mediante el voto directo y secreto. Sobre su accionar nos explica Luis Gómez Suárez (“FEEM, tiempo de pensar” Ed. Abril, 2002):

“Sin lugar a dudas, la creación de la FEEM representó un paso de avance en el desarrollo organizativo del movimiento estudiantil y en su unidad con la UJC. De esta forma quedaba conformado el sistema asociativo juvenil cubano, de gran impacto en la socialización de las nuevas generaciones.”

Desde la cantera
Hemos observado cómo en un principio el movimiento secundarista abarcaba a un grueso número adolescentes y jóvenes que iban desde la secundaria básica hasta el preuniversitario.

Con la aparición de la FEEM, el sistema se modificó; sin embargo, todos resultaron favorecidos. Ahora los más pequeños se convirtieron en la cantera inmediata que nutriría a los últimos, luego de una intensa preparación como integrantes de la Organización de Pioneros José Martí, la agrupación de masas más joven del país.

Patricia Flechilla, la actual presidenta de la FEEM a escala nacional, tuvo su “bautismo de fuego”, precisamente, durante su etapa pioneril. Su rostro se hizo habitual a través de la televisión o en diversas actividades cuando tenía menos edad. Ella se formó, indiscutiblemente, desde la cantera: manifestó su protesta en la Tribuna Antimperialista para repudiar el secuestro del niño Elián González, entonces retenido en tierras norteamericanas; alzó su voz en reiteradas ocasiones para exigir el cese del cruel e injusto bloqueo imperialista contra Cuba; fue la pionera que representó a niñas, niños y adolescentes cubanos durante la Sesión Especial de la ONU a favor de la Infancia, celebrada en Nueva York, en mayo de 2002.

En aquel momento diría a la revista Pionero, que edita nuestra Casa Editora Abril:

“A pesar de que Cuba lleva más de 40 años bloqueada por otro gobierno, no escatima recursos para el desenvolvimiento de la infancia. Hechos y cifras lo demuestran (…)

“Soy fruto de lo que ha logrado la Revolución Cubana, del trabajo de los maestros, de nuestras escuelas, y de la formación patriótica e internacionalista de nuestra Organización de Pioneros José Martí.”

Una proyección de este tipo, difícilmente cambie para mal. Por eso cuando resultó designada como máxima líder de la FEEM, sabíamos que se había realizado la elección correcta. Patriótica hasta la médula, asume el desafío con el rigor que exigen los actuales tiempos.

Bajo su conducción, la organización llega a sus 36 años, al calor de la ternura y madurez que solo sabe imprimir una juventud revolucionaria, capaz de conjugar la pasión, el ímpetu y la herencia. La FEEM, que ya andaba por sí sola, encontró en Patricia Flechilla su eficiente timonel.

¿Y qué significa para ella estar al frente de esta organización?

“Un reto y a la vez un privilegio, sobre todo porque me ha hecho crecer. He crecido como joven revolucionaria; he crecido en el humanismo que predica el Comandante en Jefe; he crecido en los valores, en el sentimiento de altruismo y de solidaridad. En fin, he crecido como cubana.”

 

Congresos de la FEEM

 

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