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Cuba joven

Callados
Hay personas que andan por la vida callados y se pasan un montón de años sentados, mirando hacer sin opinar, como si no tuvieran un solo pensamiento en todo su organismo

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9 Sep 2016

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Hay personas que andan por la vida callados y se pasan un montón de años sentados, mirando hacer sin opinar, como si no tuvieran un solo pensamiento en todo su organismo.

A este tipo de gente le da lo mismo que alguien lo atienda bien o que el otro le conteste mal. Para ellas y ellos no importa, pues “la mejor forma de no meterse en problemas es no contestar” y creen entonces que lo mejor es seguir adelante, sin decir nada.

Solo que, en realidad, no avanzan hacia ningún lado y continúan así, estáticos, desde su más tierna infancia hasta la ancianidad. Entonces mueren físicamente, porque el alma hace tiempo falleció sin que lo supieran.

Verdaderamente, debe ser triste y difícil andar por el mundo callando todo el tiempo. Debe ser muy frustrante no atreverse a poner en su lugar al que trata de hacer valer su fuerza —sea física, de autoridad o moral— sin encontrar una respuesta.

Cuando de seres humanos se trata, vale siempre la inteligencia para conocer qué ocurre y tener valor para mantener las opiniones. Sin gritos, sin malos modos, pero con tenacidad, con amplitud de criterios.

Es casi una obligación de las personas expresar su punto de vista y defenderlo, y es, indudablemente, una obligación ciudadana preguntar, investigar, ayudar y señalar lo que no está bien. Vivir es indagar y exponerse, preguntar y encontrar respuestas; señalar y admitir las críticas.

Vale lo mismo para exigir que el profesor ofrezca una clase magistral cada vez que se para frente al aula, que no tolerar que el condiscípulo holgazán copie tu tarea, simplemente “porque él o ella es así”.

No se trata, por supuesto, de andar todo el tiempo peleando con cuanta persona se acerca, pero tampoco de permitir hasta más allá de lo inadmisible la lluvia de insultos velados o francos que muchos pretenden tirarnos a la cara, desde el bodeguero que nunca tiene vuelto hasta el catedrático que contesta sin mirarte, pasando por el “luchador” del barrio que se ríe de tu esfuerzo mientras derrocha su energía en sí mismo.

Estar activo, ser joven sin importar la edad biológica, es estar alerta siempre, defendiendo no solamente tus derechos, sino los de tus semejantes. Es tener el espíritu en plena forma y nunca, nunca, quedarse callado.

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