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Sexualidad y salud

Camino a la longevidad
¿Imaginas la posibilidad de vivir por siempre o, al menos, por más tiempo del que tenemos predestinados genéticamente?

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15 Oct 2016

 

 

Una de las grandes obsesiones de los seres humanos ha sido vivir eternamente, y para ello no han escatimado fórmulas e intentos.

Así, han pasado a los anales de la  búsqueda de la perpetuidad los más insospechados brebajes, rituales religiosos, curiosos tratamientos y sofisticadas  preparaciones químicas.

Mientras miles de personas se aventuraban en tales experimentos, las posibles soluciones pululaban a su alrededor bajo la forma de los animales y plantas más comunes; especies que tras profundos y recientes estudios, podrían arrojar luz sobre la posibilidad de, al  menos, extender los actuales plazos de vida.

Supuestos algoritmos
Al parecer, son los animales salvajes y las plantas los que poseen más capacidad para desarrollar una mayor durabilidad.  Al respecto se plantea que las especies grandes sobrepasan en años a las pequeñas. Por ejemplo, mientras un ratón dura alrededor de dos años, la ballena de Groenlandia puede llegar a los 200.

Este hecho se produce debido a un grupo de diferencias fisiológicas, incluyendo las tasas de crecimiento y desarrollo, metabolismo y detalles de la composición del cuerpo, según refieren algunos datos publicados por BBC Mundo.

Sin embargo, algunos especímenes sorprenden debido a los cambios que llevan a cabo en su comportamiento y fisiología para prolongar sus existencias.

En tal sentido, recientes pesquisas resaltan por sus resultados. Tal vez una de las más valiosas para la comunidad científica es la protagonizada por un grupo liderado por la profesora Rochelle Buffenstein y colegas del Centro de Ciencia para la Salud de la Universidad de Texas.

El mismo se centró en la rata topo lampiña, la cual vive 5,3 veces más tiempo de lo previsto para el tamaño de su cuerpo. Aunque para el equipo queda por dilucidar cómo lo hace, aseguran que permanecer bajo la superficie terrestre ayuda. Y es que, aunque de esta manera ese animal elimina peligros que podrían causarle la muerte, limitar la exposición a la luz solar y por ende, a los rayos ultravioletas, parece ser parte del éxito.

Por demás, los estudiosos también hallaron que la convivencia en comunidades, el no desarrollo de células cancerígenas y la presencia de un sistema inmunológico fuerte contribuyen a que este tipo de mamífero no aumente su mortalidad, y le permite desarrollar los tan apreciados genes de la  longevidad.

Actuales indagaciones en otras especies como los murciélagos, la langosta americana, la almeja islándica o el álamo temblón también aportaron información de suma importancia para el tan cuestionado tema de ponerle coto o retardar la llegada de la muerte.

 

Sigue...

 

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