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Sexualidad y salud

Las caras del amor (Cont.)
12 Ene 2016

 

En cualquier caso, los humanos, por el hecho de ser la primera especie racional, somos los pioneros en la historia de la evolución capaces de elegir entre ambos tipos de comportamiento —egoísta o altruista— de forma voluntaria; por lo tanto, actuamos de forma independiente a nuestra propia programación genética.

El Yin y el Yang
La filosofía oriental aborda nuestro comportamiento amoroso desde una posición parecida a la abordada por la herencia genética, pero basada principalmente en el carácter.

Según esta cosmología del equilibrio, comúnmente simbolizada por la unión de los principios básicos llamados yin y yang, los seres humanos podemos desarrollar ambos tipos de actitudes: en una somos altruistas y colaboradores; en la otra, egoístas y competidores.

La concepción altruista del amor está más ligada a la espiritualidad que al apego o el deseo. Sus relaciones están basadas en la colaboración y no en la competitividad. Se procura el bienestar de otros sin obtener nada a cambio y, por eso, los demás buscan el beneficio de ese uno.

Esta concepción del amor está unida al sacrificio desinteresado hacia los otros. Sus mejores muestras llevan a las misiones humanitarias, el budismo o la filantropía. Leibniz, el filósofo alemán, definía esta versión de los amantes planteando que, si uno realmente entiende y busca el amor, siempre obtendrá placer en la felicidad del otro.

La concepción egoísta es diametralmente opuesta al amor desinteresado; promueve el llamado “egoísmo inherente al ser humano” y defiende este sentimiento como algo noble. Afirma que cada individuo es responsable de su propia felicidad y no de la de los demás.

El amor sexual, en cualquiera de sus variantes, constituye, asimismo, una muestra marcada de este tipo de comportamiento; lo que se manifiesta como altruismo hacia la pareja constituye una manifestación de puro egoísmo respecto al resto de la sociedad. El propio acto sexual se desarrolla bajo un estado de egoísmo personal en el que el individuo busca su propio placer, ya sea de forma directa o por la gratificación que le produce el placer de su pareja.

Sigmund Freud consideraba que todas las motivaciones humanas tenían un trasfondo libidinoso, y, por lo tanto, egoísta. Al considerar el amor compasivo sublimado, lo describe como un comportamiento exclusivamente narcisista, pues para él, las personas solo aman lo que fueron, lo que son o lo que ambicionan ser.

Antropología del amor
La elección de la pareja y la expresión de nuestros sentimientos amorosos están ampliamente marcadas por la cultura y el instante en el cual se toma la decisión, a nivel subconsciente, de enamorarse.

Tendemos a enamorarnos de alguien que se tiene alrededor, que sea próximo; nos enamoramos de personas que resultan misteriosas, y que no se conocen bien. Los hombres son propensos a enamorarse más de prisa que las mujeres
 

 

Concepción altruista  del amor:                                       Concepción  egoísta  del amor::
Amar verdaderamente, y de un modo desinteresado, no es otra cosa que encontrar placer en las perfecciones o en la felicidad del objeto. Juro, por mi vida y por mi amor por ella, que nunca viviré por el bien de otro hombre, ni pediré a otro hombre que viva por el mío.
Gottfried Leibniz, filósofo, lógico, matemático y jurista alemán  Ayn Rand, filósofa y escritora  ruso-estadounidense.

 

 

 

 

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