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Historia

¡A la carga, muchachos, que la victoria es nuestra!
La infantería mambisa, en perfecta formación, vitorea alegremente a un jinete con insignias de Mayor General. Su figura es alta y esbelta, el rostro feliz. Los ojos, de dulce mirar y una voz tierna, que sabe hacerse obedecer, responde al saludo. Ha llegado a Jimaguayú Ignacio Agramonte.

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21 Jul 2014

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(Publicado en 2012)

 

 

   "Yo me he sentido a la vista de todo esto casi envidioso del general en su tumba."
                                                                        Máximo Gómez

 

Campos de Cuba  insurrecta
La infantería mambisa, en perfecta formación, vitorea alegremente a un jinete con insignias de Mayor General. Su figura es alta y esbelta, el rostro feliz. Los ojos, de dulce mirar y una voz tierna, que sabe hacerse obedecer, responde al saludo. Ha llegado a Jimaguayú Ignacio Agramonte.

En el Camagüey, 1851
Al cementerio de Puerto Príncipe llegan cuatro ataúdes con los restos de cubanos fusilados por “infidencia”. Un niño de hermoso ojos negros ve a un hombre de porte extranjero poner su pañuelo blanco en los cráneos, recoger la sangre y escribir sus nombres…

Campos de Cuba  insurrecta
Los cubanos festejan el triunfo ocurrido días antes, frente a los españoles. Mirando al guerrero invicto, sus fuerzas creen que es inmortal. Todos tienen fe absoluta en el triunfo.

Agramonte habla con voz ardiente: “Nuestra misión se va cumpliendo, vuestra disciplina y vuestra abnegación hacen de todos nosotros el núcleo fundamental de la República. 

Al atardecer, los oficiales de Las Villas obsequian con una cena, que es también de despedida, porque Agramonte debe partir a Las Tunas a reunirse con los orientales.

Hacia el final del festejo hay cantos y chanzas, que ríen con alborozo El Mayor y sus acompañantes. Se anuncia que está cerca el enemigo e inmediatamente, Agramonte ordena el toque de silencio, a fin de que amanezcan descansados.

En el Camagüey, 1851
El niño intenta hacer lo mismo, pero un soldado español se lo impide. El hombre atrae hacia sí al pequeño. Le explica que el hijo de un pueblo esclavo no puede hacer lo que quiera, más que obedecer a sus amos.

Añade que recogió esa sangre de los cadáveres porque es preciosa, pues se derramó por la libertad, y pregunta al chico: “¿Qué vas a hacer con ella?””. “Conservarla, igual que tú”,  responde el muchacho.

Campos de Cuba  insurrecta. Jimaguayú, 11 de mayo de 1873
Distribuidas las tropas cubanas, El Mayor se dirige a sus oficiales: “Yo no voy a pelear, voy a dejar que se entable la acción y pronto nos veremos en Guayabo”.

Comienza Agramonte a retirarse, al tiempo que la caballería al mando de Henry Reeve cae sobre los españoles.

 

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