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Historia

Carga de sueños y medallas cayó en aguas de Barbados
A 40 años del salvaje sabotaje a una nave de Cubana de Aviación donde murieron 73 personas indefensas, nuestro pueblo los recuerda, y condena y aborrece a los asesinos y al gobierno estadounidense que los amparó y aún protege.

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11 Jul 2014

 

 

Las administraciones de la Casa Blanca no han dejado un solo día de amparar a los terroristas Luis Posada Carriles, Orlando Bosch, Hernán Ricardo y Freddy Lugo quienes, entre otros crímenes, protagonizaron el realizado a una aeronave de Cubana de Aviación el 6 de octubre de 1976, donde murieron 73 personas, entre ellas el equipo juvenil de esgrima de la Isla.

En el 2006, durante el acto por el aniversario 30 del monstruoso sabotaje, se mostraron documentos desclasificados que delataban los vínculos de los gobiernos estadounidenses con tales delincuentes, y sus intentos de eludir que fueran juzgados por sus abominables acciones, por temor a que salgan a la luz sus relaciones con ellos.

La lucha incansable de Cuba para que se haga justicia a las víctimas del terrorismo, y contra la política que ha ocasionado sufrimientos a varias generaciones, no puede cesar mientras las lágrimas y el dolor recuerden que los asesinos gozan de total impunidad.

Por eso, como dijera el Comandante en Jefe al final de su discurso en el sepelio a las víctimas, el 15 de octubre de 1976, ante más de un millón de personas congregadas en la Plaza de la Revolución: “No podemos decir que el dolor se comparte. El dolor se multiplica. Millones de cubanos lloramos hoy junto a los seres queridos de las víctimas del abominable crimen. ¡Y cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!”

Los miembros del equipo juvenil de esgrima fueron sacrificados en la flor de su vida, en uno de los más brutales actos de terrorismo ejecutados por contrarrevolucionarios al servicio de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos. Cuba no puede olvidar a sus hijos sacrificados cobardemente. Honramos su memoria, y la de todas las víctimas del terrorismo durante las últimas cinco décadas, preservando con abnegación una patria más revolucionaria y digna.

Recordemos que a pocos minutos de despegar el avión con un grupo de jóvenes que traían la alegría del triunfo en un evento deportivo internacional, en la torre Criwest 650 del aeropuerto de Barbados se escuchó la llamada desesperada del piloto: “!Tenemos una explosión y estamos descendiendo inmediatamente!”, “¡Tenemos fuego a bordo!”, “¡Eso es peor! ¡Pégate al agua! ¡Felo, pégate al agua!”. Y la respuesta: “Cubana, este es Criwest 650. ¿Les podemos ayudar en algo?”.

No dio tiempo a nada más: el avión cayó al agua con su valiosa carga de sueños y medallas.

 

 

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