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Arte

Cecilia Valdés: la novela y la eternidad
En un lugar extraviado dentro del laberinto de calles y panteones que conforman el Cementerio de Colón, descansa Cecilia Valdés. Al menos así lo asegura la inscripción fijada en el centro de una desvencijada cruz, penosa sobreviviente del paso implacable del tiempo. Al visitante puede quedarle la duda de si es auténtica esta Cecilia; si no será una de las tantas reliquias apócrifas que merodean, como aves rapaces, a los mitos creados por la literatura
9 Sep 2014

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(Publicado en 2007)

 

En un lugar extraviado dentro del laberinto de calles y panteones que conforman el Cementerio de Colón, descansa Cecilia Valdés. Al menos así lo asegura la inscripción fijada en el centro de una desvencijada cruz, penosa sobreviviente del paso implacable del tiempo. Al visitante puede quedarle la duda de si es auténtica esta Cecilia; si no será una de las tantas reliquias apócrifas que merodean, como aves rapaces, a los mitos creados por la literatura.

Quizás nunca sepamos la verdad de su muerte; la de su vida, con sólo sumergirnos en las páginas de la obra escrita por Villaverde hace más de un siglo, aparecerá ante nosotros. Sin embargo, tampoco es del todo sencilla la historia literaria de Cecilia Valdés. Intrincados caminos hubo de andar antes de llegar a ser el texto conocido hoy.

Después de haber publicado algunas noveletas en la Miscelánea de útil y agradable recreo, Cirilo Villaverde, cumplidos los veintisiete años, comenzó a escribir la más célebre de sus obras. La idea provenía de su amigo don Manuel Portillo, interesado en un artículo de costumbres cuyo tema fuese el de las antiguas ferias del ángel, celebradas cada 24 de octubre en conmemoración de San Rafael.

La primera de las versiones de Cecilia salió a la luz en La Siempreviva, el año de 1839. Los redactores de esa publicación advertían entonces: "Cuando publicamos el primer capítulo de esta interesante novela en nuestra Siempreviva, olvídasenos advertir a los lectores que, siendo una obra extensa que piensa publicar su autor por separado, no podíamos ofrecerles más que el boceto de ella, para que juzgasen de su mérito. Ahora, aunque tarde, lo hacemos e incluimos otro capítulo, que encierra en sus breves páginas, casi todo el argumento de la novela. Bien pronto verá la luz pública, entonces podrán satisfacer su curiosidad aquellos a quienes haya podido interesar su lectura... ".

Más tarde, Cuba Intelectual reproduciría literalmente, bajo el título de La primitiva Cecilia Valdés, los fragmentos aparecidos en La Siempreviva. Efectivamente, el primer tomo de la novela fue editado en la Imprenta Literaria de Don Lino Valdés a mediados de aquel mismo año. Villaverde siguió trabajando con ímpetu, pero poco tiempo después se trasladó de La Habana, donde vivía desde 1823, a Matanzas para impartir clases en el colegio La Empresa. Allí interrumpió la composición de Cecilia y comenzó a escribir La joven de la flecha de oro, concluida en 1841.

Del apacible oficio de novelista, Villaverde pasó a vivir en carne propia los peligros sobre los cuales probablemente hubiera leído en algún libro. Acusado de conspiración por el gobierno español, fue condenado a diez años de cárcel, mas, pronto escaparía escondido en la bodega de una goleta hacia los Estados Unidos. De regreso en La Habana, en el año 1858, quiso refundir la novela y llevarla hasta el final. "Había trazado el nuevo plan hasta sus más menudos detalles", explica Villaverde en la edición definitiva "escrito la advertencia y procedía al desarrollo de la acción cuando tuve de nuevo que abandonar la patria". Por segunda vez, las agitaciones políticas lo obligan a emigrar a los Estados Unidos. Es allí donde puede terminar, finalmente, el segundo tomo de Cecilia y darla a imprenta, cuarenta y tres años después de haberla empezado.

"Con esta manera de componer obras de imaginación no es fácil mantener constante el interés de la narrativa, ni siempre animada y unida la acción, ni el estilo parejo y natural, ni el tono templado y sostenido que exigen las producciones del género novelesco", admite Villaverde en el prólogo. "Hace más de treinta años que no leo novela ninguna, siendo Walter Scott y Manzoni los únicos modelos que he podido seguir al trazar los variados cuadros de Cecilia Valdés".

El 20 de octubre de 1894, murió Cirilo Villaverde en Nueva York. Su obra cumbre ha sido considerada por los estudiosos como la mejor novela costumbrista de la literatura cubana. Al margen de toda fama, Cecilia Valdés, la mulata hermosa que provocara las más encendidas pasiones, reposa hoy en un ruinoso sepulcro de la más grande necrópolis de la ciudad. Un extraño fascinación invade, sin embargo, a los que hasta allí llegan. Atraídos por la leyenda, reviven de cierta forma el espíritu de Cecilia, eternizado en las páginas de una novela.

 

(Tomado de http://www.uneac.org.cu/laislaenpeso/num02/saco2.htm)

 

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