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De leyendas y mitos está llena la Necrópolis de Cristóbal Colón, ubicada en La Habana. Popularmente conocida como el Cementerio de Colón o Necrópolis de Cuba, pocos saben de su historia, sus orígenes y las riquezas arquitectónicas que guarda el mayor camposanto del país.
Tras casi 15 años de arduo trabajo se inauguró el 2 de julio de 1886 por órdenes del gobernador Marqués de la Pezuela, dado que el Cementerio de Espada era ya insuficiente. Actualmente ampara 53 mil sepulturas
a lo largo de 20 extensos kilómetros. Su estructura en forma de cruz revela dos avenidas principales, llamadas Cristóbal Colón y Obispo de Espada, de norte a sur; además de la nombrada Fray Jacinto, de este a oeste.
El tercero más importante del mundo, precedido solamente por los de España e Italia, es el único cementerio en Latinoamérica dedicado a Cristóbal Colón, y además Monumento Nacional de Cuba.
Más allá de la fría impresión que suele causar al visitante, el de Colón está lleno de valiosas esculturas y formas arquitectónicas que vale la pena conocer, acompañadas de curiosas historias.
La primera de las anécdotas se relaciona con Calixto de Loira, arquitecto español que tuvo a su cargo la construcción de la portada del cementerio. Desafortunadamente, su cadáver fue el primero en ser enterrado, con lo que quedó inaugurada la llamada Galería de Tobías.
Entre las leyendas más renombradas se encuentra la de la Tumba de la Fidelidad. Cuenta que luego de la muerte de Jeanette Ryder, fundadora de una sociedad humanitaria de protección a niños y animales desamparados, su perro Chucho permaneció sobre la sepultura de su ama, y luego murió. Los seguidores de la Sociedad no escatimaron esfuerzos para que el can tuviera un lugar junto a su dueña.
La historia del Dominó difunde la de una canaria apasionada por este juego de mesa. Tal fue su afición que una noche del año 1925, mientras jugaba una partida que daba por ganada, murió de un infarto al no poder “pegarse” con la ficha del doble tres en sus manos. En homenaje a ella, su familia colocó una lápida de mármol blanco y negro en la que aparece a relieve el doble tres.
Otra muy célebre es la de La Milagrosa, cuyo nombre en vida fue Amelia Goyri de la Hoz. Sucesora de una familia de buena posición, murió al dar a luz a su primer hijo, que tampoco pudo sobrevivir. Enterrados juntos, el niño a los pies de la madre según la tradición de la época, fue encontrado en brazos de la misma tiempo después.
Luego del suceso, el esposo de Amelia visitaba su tumba a diario; al marcharse daba pequeños golpes con la aldaba en la lápida y se retiraba siempre sin darle la espalda: así nació la costumbre. Hoy son incontables las personas que acuden a su sepulcro para pedirle ayuda a La Milagrosa, y algunos hasta aseguran haber recibido sus milagros.
Muchas son las anécdotas pero también las personalidades que resguarda el cementerio, como el caso de José Raúl Capablanca, cuya última morada está adornada con una pieza de ajedrez; o el de Casimiro Eugenio Rodríguez Carta, el único inhumado de pie en el Cementerio de Colón, con una pistola en cada mano y un billete de 100 pesos en el bolsillo.
También reposan allí los restos de Máximo Gómez, en una tumba totalmente anónima y únicamente identificada por aquellos que conozcan bien su rostro.
Fuentes: Sitios web
- http://www.amigosdemilord.com/los-enigmas-de-los-animales-historia.php?i...
- http://padronel.net/2011/03/27/otros%E2%94%80-la-canaria-que-dio-su-vida...
- http://ecgalup.blogspot.com/2011/09/la-milagrosa-del-cementerio-de-colon...
- http://old.cubahora.cu/index.php?tpl=principal/ver-noticias/vernot_ptda....
- http://cementeriocolon.blogspot.com/ .
- http://es.wikipedia.org/wiki/Necr%C3%B3polis_de_Crist%C3%B3bal_Col%C3%B3n
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