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Arte

El chacal azul
Esta es una adaptación libre de un patakí, historias que componen el cuerpo literario de Ifá (religión afrocubana) y que se transmitían oralmente para obtener una moraleja, enseñanza o guía

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25 Sep 2016

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El chacal estaba tan cansado de ser perseguido por leones, tigres y hasta hienas, que se aventuró cerca de la ciudad. Pensó que de despojos de los humanos podría sobrevivir un tiempo y así recuperarse de viejas heridas. No contaba con los perros. No contaba con la jauría.

El olor les alertó, y olfatearon y hallaron al chacal.

Una pelea desigual. Uno, dos, tres, cuatro, cinco… para qué seguir contando. El chacal se dio a la fuga. No había tranquilidad. Tampoco había vida. Y así saltó un patio, una zanja, se revolcó en una esquina, entró en una tintorería y esquivaba las ropas mientras sentía a los perros. ”Moriré”, pensó, “moriré”. Y cayó en una gran tina de azul índigo preparada para teñir.

Mojado, maltrecho, acorralado, se dispuso a morir. Lo haría peleando. Gruñó, mostró sus dientes mientras la jauría lo rodeaba. Esperó pero ninguno le atacó. Aquellos se habían quedado azorado ante aquel animal azul que nunca habían visto. Marcharon con el rabo entre las piernas y el chacal agradeció la suerte, incluso él mismo se asustó cuando no se reconoció en un espejo.

Decidió volver a la selva y, cuál no sería su sorpresa al ver que tigres, leones, hienas, guepardos, retrocedían asustados.

“¿Quién es el desconocido?”

“¿Nos matará a todos?”

“¿Es fuerte?”

“¿Poderoso?”

Y los comentarios llegaron a los oídos del chacal. Él, que había huido de todos, se aprovecharía de la situación.

Reunió a la totalidad de los animales:

“He sido enviado para convertirme en vuestro Rey. Para resolver vuestras disputas. Para ser vuestro soberano y protector”.

Al escuchar esto, el poderoso león se acercó y se inclinó:

“Te obedeceremos”, y todos se echaron al unísono.

Y el chacal le dio un cargo a cada uno de los animales exceptuando a los de su misma especie, a quienes desterró so pena de muerte, para evitar ser descubierto. Ni siquiera habló con ellos.

Y así comenzó a vivir en la abundancia. El tigre y los leones traían de su caza y él, como buen soberano, repartía entre todos los miembros de su corte.

Un buen día, estando reunido, escuchó a lo lejos el aullido quejumbroso de un chacal. El chacal azul se quedó quieto. No se sabe si fue la nostalgia o la misma naturaleza innegable. Desde lo más profundo de su ser brotó un aullido en respuesta.

Los animales de la corte se estremecieron.

“Es el aullido de un chacal. ¡Es el aullido de un chacal, un mísero nos ha engañado!”

Él solo vio como lo rodeaban. El tigre, el león, el leopardo, las hienas. Ni siquiera mostró los colmillos. Aulló una última vez. Quizá si los de su especie estuvieran allí, hubiese podido defenderse de tantas dentelladas desgarrando la piel azul, azul, azul… roja.

 

 

 

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