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Historia

Chinos en la Isla: ¡Soy cubano!
Cuando hace 169 años desembarcó en Cuba una masiva oleada migratoria china venida en busca de mejores condiciones de existencia, lejos estaba de imaginar que su suerte se ligaría profundamente a la de los ocupantes de esta nación

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8 Oct 2016

 

 

Cuando hace 169 años desembarcó en Cuba una masiva oleada migratoria china venida en busca de mejores condiciones de existencia, lejos estaba de imaginar que su suerte se ligaría profundamente a la de los ocupantes de esta nación ―africanos, peninsulares y criollos―, con quienes compartirían a menudo peor destino, incluso.

Entonces España estimulaba hacia su preciada isla caribeña la inmigración chino-filipina desde sus inmensas posesiones allende los mares, con vistas a paliar la economía cañera y sustituir, paulatinamente, la fuerza de trabajo esclava.

La mayoría venía con idea de hacer fortuna y regresar a sus lugares de origen, pero solo lograron, si acaso, un mísero jornal para mal sobrevivir. De ahí que tuvieran que asimilarse al país receptor y participaran de la suerte de los desposeídos.

“Desde los tiempos de la esclavitud —nos dice el antropólogo y criminalista Israel Castellanos allá por el año 1926—, los negros y los chinos han estado en contacto. Ayer, en las horas de labor agrícola y en la vida íntima de los barracones; hoy, en los barrios pobres y en las zonas donde la miseria acerca, acopla y funde. Las mujeres de color estuvieron al lado de los asiáticos durante la faena y en los momentos de reposo tonificante y aproximador, como en la actualidad tienen contacto ininterrumpido en el puesto de frutas y frituras, en las fondas, donde  son frecuentes las compras de platos complementarios o servicios de cantina a domicilio y por último, los asiáticos vendedores ambulantes de sedería y quincalla que, por su fama sui géneris de expender artículos, son visita cotidiana en solares y accesorias, donde se charla al margen de la compra o se intima por el crédito abierto”.

Poco a poco, estos “amarillos” se integrarían a la cultura nacional cubana en formación, no como una raza o familia aparte, sino que se insertaron a otros grupos existentes: blancos, negros, mulatos, en un proceso de hibridación social. En ello desempeñó un papel importante su composición sexual.

“(…) los chinos carecían de sus mujeres —explica ahora el investigador Cosme Baños, del Museo de Regla—, las que por razones ajenas a su voluntad no habían formado parte de las primeras oleadas de contratados, ellos no constituían verdaderos colonos y por demás muchos creyeron poder regresar a su país natal con los bolsillos repletos de dinero. Otros esperaban traer a sus novias o esposas y murieron en la espera y las mujeres traídas posteriormente no constituyeron número importante (…)

“Esta unión facilitó que muchos asiáticos aceptaran igualmente las religiones de origen africano como la santería, el Palo o que formaran parte de juegos abakuá. En Regla, muchos  fueron los abakuá de origen chino.  Asimismo, en tiempos remotos  surgieron juegos abakuá de chinos como es el caso de la provincia de Matanzas”. 

 

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