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Sin lugar a duda, este nuevo curso escolar reviste gran importancia para el prestigio de la enseñanza cubana. Cambios encaminados a lograr la excelencia en la educación y recuperar la reputación de antaño se han impuesto después de un evidente menoscabo en el aprendizaje y el nivel cultural de los estudiantes.
Sobre la mesa está el más reciente escándalo de fraude que llevó a repetir la prueba de ingreso de Matemáticas a la educación superior, y que descubrió un mal que muchos pretendían que no existía en las aulas cubanas. Una de las tantas causas que ha llevado a un declive de la enseñanza a nivel general, la misma que unas décadas atrás era considerada la mejor de América Latina, y que hoy queda en entredicho por sucesos como este y por el bajo nivel de muchos estudiantes que se refleja en las aulas y, por supuesto, en el actuar de estos jóvenes en sociedad.
Mala cabeza
Raquel nos confesó que su hijo no tiene muy buena cabeza para los estudios. Bastó una semana para que uno de los profesores la llamara después de clases y la insinuación fue evidente: “Su hijo conmigo no va a pasar de grado, así que le aconsejo que vaya pensando alguna forma de resolver este asunto. Además, como él es bastante falta de respeto, le va a costar más trabajo que al resto”.
Así empezaron los pagos. Una pregunta de control, tres CUC. Pruebas, cinco CUC. La final, diez. Pasó de grado con notas excelentes en casi todas las asignaturas. El muchacho ya ni se tomaba el trabajo de estudiar un poco. Daba igual, si como quiera iba a aprobar, lo único que necesitaba era el dinero para “sacar” la nota, y ese se lo suministraba mamá.
El camino “fácil” se impuso. El daño es irreversible. El muchacho tiene un déficit educacional que se verá reflejado en su futuro. Las posibilidades de superación son prácticamente nulas, sin valorar el daño moral que se le ha inculcado: todo se puede conseguir con dinero, y esto le influenciará en su forma futura de actuar.
Progreso del engaño
Los “chivos”, que años atrás iban desde una letra mínima en un papelito, en el muslo por debajo de la saya en las muchachas, o cerca del tobillo en los varones; largos plegables doblados con minuciosidad, hasta copiar las respuestas en el celular y pasárselo al compañero, ha sido una parte de la evolución de un fenómeno que ha ido creciendo a proporciones peligrosas.
El fraude se ha convertido en un mal de las aulas cubanas. La venta de “notas” no es la única forma de efectuarlo. Repasos el día anterior a los exámenes donde se -re-pasan cinco preguntas y tres son las de la prueba, hasta el maestro que trata de ayudar al “suspenso” en mitad de un examen arreglando las respuestas, son solo una arista de ese monstruo que hoy puebla las aulas cubanas
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