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(Publicado en 2006)
Treinta años después del salvaje atentado a un avión de Cubana en el que 73 personas perdieron la vida, resulta más que indignante conocer la noticia de que Luis Posada Carriles, el connotado terrorista, podría quedar en libertad si el gobierno de Bush rehúsa presentar evidencias en su contra.
En la siniestra hoja de servicios al imperio de este personaje, también figuran la bomba del hotel Copacabana, donde pereció el joven turista italiano Fabio Di Celmo, y el intento de genocidio en Panamá. Fugado de Venezuela, Posada se acoge ahora a la protección del gobierno que prohijó tales acciones y se autoerige ahora, irónicamente, en “paladín de la lucha contra el terrorismo”.
A tres décadas del crimen de Barbados, todavía los familiares de las víctimas reclaman que se haga justicia. Todavía el llanto acude a los ojos, ante el recuerdo de tanta juventud vilmente tronchada, de tanta ignominia, de tanto cinismo por parte de los perpetradores, aún en libertad…
Pero también mantienen plena vigencia las emocionadas palabras con que Fidel concluyera su discurso el día 15 de octubre de 1976, en el acto de despedida de duelo de las víctimas efectuado en la Plaza de la Revolución. Porque, efectivamente, ¡el pueblo cubano, enérgico y viril, llora, pero la injusticia tiene que temblar, pues no será eterna!
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