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Sexualidad y salud

El poder de un hombre
¡Cómo pesan los pantalones!
Sin pretensión absolutista: somos un pueblo del Caribe, de América, de Occidente (o al menos marcado por la cultura occidental) y, culturalmente hablando, somos un pueblo machista. Y aun los orígenes del machismo van más allá.

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18 Jun 2015

 

La dominación masculina está tan anclada en nuestro inconsciente que ya no la percibimos, tan de acuerdo con lo que esperamos, que tenemos dificultad en cuestionarla. Más que nunca es indispensable disolver las evidencias y explorar las estructuras simbólicas del inconsciente androcéntrico, que sobrevive en hombres y mujeres [...]

                                               Pierre Bourdieu

 

 

 

Sin pretensión absolutista: somos un pueblo del Caribe, de América, de Occidente (o al menos marcado por la cultura occidental) y, culturalmente hablando, somos un pueblo machista.

Y aun los orígenes del machismo van más allá.

Debemos buscarlos en el tiempo, cuando se estableció la primera división del trabajo y se inventó la esclavitud; porque antes las mujeres tenían preponderancia, eran libres y gozaban de consideración: gobernaban la casa, la familia y transmitían la herencia. El paso al patriarcado resultó, sin duda, el triunfo del machismo.

“La abolición del derecho materno fue la gran derrota del sexo femenino —nos dice Federico Engels en “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” —. “El hombre llevó el timón en la casa; la mujer fue envilecida, domeñada, trocóse en esclava de su placer y en simple instrumento de reproducción. Esta degradada condición de la mujer, tal como se manifestó sobre todo entre los griegos de los tiempos heroicos, y más aún en los de los tiempos clásicos, ha sido gradualmente retocada y disimulada, en ciertos sitios hasta revestida de formas más suaves; pero de ningún modo se ha suprimido”.

Este predominio masculino es el origen de la monogamia, que se fundamenta en el poder del hombre con el fin formal de procrear hijos de una paternidad segura. Sin embargo, las mujeres no se cruzaron de brazos.

Lo asegura el propio Engels, cuando afirma: “Con la monogamia aparecieron dos constantes y características figuras sociales, desconocidas hasta entonces: el amante de la mujer, y el marido cornudo”. Y concluye con cierta dosis de humor el pensador alemán: “Los hombres habían logrado la victoria sobre las mujeres, pero las vencidas se encargaron generosamente de coronar a los vencedores [...]”.

El boom del feminismo
Durante milenios la mujer ha sufrido asignaciones culturales asociadas a la maternidad y al hogar, con lo cual le fue limitado el acceso a la vida pública y la autorrealización personal.

Para Idianelys Santillano, psicóloga del Centro de Estudios sobre la Juventud, el machismo se sustenta en la superioridad del hombre sobre la mujer; superioridad que ha tenido matices diferentes en dependencia del contexto y del momento histórico.

Según afirma la especialista, hoy se habla de una crisis del paradigma masculino, lo cual significa que el fenómeno se está moviendo hacia otras dimensiones: desde la manera en que se establecen las relaciones de pareja hasta las distintas manifestaciones sociales.

“Alrededor de los años ´60 —puntualiza Idianelys— estalló un movimiento feminista con muchos planteamientos excesivamente radicales, porque sobredimensionaron la realidad. Sin embargo, este boom le asestó un golpe contundente al machismo.”

No obstante, el cubano sigue arrastrando con esa arcaica costumbre. Lo confirman diversos estudiantes entrevistados por Somos Jóvenes, entre ellos Dayana Villas, del politécnico de Química Mártires de Girón, en la capital cubana.

“Creo que no debe haber diferencias entre el hombre y la mujer, al fin y al cabo las mujeres siempre hemos estado a la vanguardia desde las guerras de independencia, y mucha falta que hicimos. Por donde no pasaba un hombre pasaba una mujer. Hoy día la mujer se desarrolla en todas las ramas del país, lo mismo en el campo, que en una fábrica, en un aula, en la cultura y en el ejército”.

Fabricantes de “machos”
Yunaisi Castellanos es una joven del mismo centro estudiantil que Dayana. Aunque se considera una chica civilizada, libre e independiente, reconoce cuánta responsabilidad tienen las féminas en la construcción de valores machistas.

“Nosotras, las mujeres, tenemos un poco de culpa en esto del machismo. En ocasiones estoy limpiando mi casa y si mi hermano me va a ayudar, con tal de que quede perfecto o como me gusta, pues no lo dejo. Asumo yo la tarea como si fuera el ombligo del mundo”.

Lleva mucho de razón. La cultura del machismo no es unidireccional: en ella intervienen tanto hombres como mujeres y, de alguna manera, ellas son cómplices de tales comportamientos.

Admitámoslo: las féminas también reproducen diversas formas machistas. Social y jurídicamente en las mujeres incide el mayor peso de la crianza de la prole; incluso el Código de Familia insiste en que el cuidado de los hijos es deber de los padres, preferiblemente la madre.

Desde antes de nacer estamos ligados a ellas: nos unía el cordón umbical; luego se esforzaron por amamantarnos, mimarnos, educarnos. Han sido las madres el patrón más cercano durante toda nuestra niñez y parte de la adolescencia. Esto les confiere cierto poder y autoridad, al menos, dentro del entorno hogareño. Pero al mismo tiempo están conectadas con el medio social que, tradicionalmente, las mueve a aceptar por consenso, por desconocimiento, por obligación, por costumbre, una cultura machista.

Sobre ello apuntaba el antropólogo francés Pierre Boudieu: “Siempre he visto en la dominación masculina, y en el modo como ella es impuesta y padecida, el ejemplo por excelencia de esta sumisión paradojal, efecto de lo que yo llamo la violencia simbólica, violencia tranquila, insensible, invisible hasta para sus víctimas, que se ejerce en lo esencial por las vías puramente simbólicas, de la comunicación y del conocimiento —o, más precisamente del desconocimiento, del reconocimiento o, por último, del sentimiento [...]”.

No exageramos con este punto de vista en el cual las mujeres cargan con su parte. Un sondeo efectuado por esta revista arrojó que más de las tres cuartas partes de las jóvenes encuestadas detesta a los hombres “blandos” y, aunque muchas se pronuncian por la “igualdad”, todavía pesa sobre la balanza la preferencia del “macho dominante”, asociado con virilidad, fortaleza, poder.

Quizás en alguna nación europea o en Australia piensen distinto, pero lo que es en Latinoamérica... Se nota en aquellas palabras de la actriz argentina Natalia Verbeke (“El hijo de la novia” y “El otro lado de la cama”) a la revista CQ el pasado noviembre de 2002. Cuando el periodista la acorrala: “Tu hombre tiene que ser...”.

“Muy fuerte –contesta ella–, porque si no me lo como. En eso tengo las cosas muy claras.”

Crisis de la masculinidad
Reynol Torres, otro de los estudiantes del politécnico Mártires de Girón, considera que el machismo viene desde la cuna y se estimula, incluso, en las escuelas.
“A la hora de distribuir determinadas tareas —afirma—, los propios profesores marcan diferencias entre ellas y nosotros.”

La normativa masculina promueve en el varón saber, poder, tener. El hombre ha de ser un héroe. Es lo que explica Elisabetta Leslie en su libro “Las raíces de la virilidad” (ed. Noguer, 1987) sobre las limitaciones del hombre, que se ve sometido a intentar demostrarse ante sí mismo y los demás lo que NO ES, más de lo que verdaderamente ES: “no dependo de nadie”, “no soy un fracasado”, “no soy un perdedor”, “no soy un impotente” y sobre todo “no soy un afeminado”.

El programa “Nosotras”, de Radio Progreso, en su emisión del 17 de enero de 1996, argumentaba que cada día aumenta la mortalidad de los varones, a consecuencia del rol que les asigna la sociedad. Los hombres deben tener “mano dura”, no llorar, ir a la guerra, inclinarse por actividades de alto riesgo, no mostrar debilidad.

Esto coincide con el criterio de la sicóloga cubana Patricia Arés Muzio, quien, en el artículo “Virilidad ¿Conocemos el costo de ser hombre?”, explica: “Se ‘supone’ que sea valiente –precisa–, se ‘supone’ que cuando llegue a la adolescencia tenga que saber de sexo, se ‘supone’ que aprenda a aguantarlo todo [...]

“Es por ello que los hombres tienen en el fondo verdadero miedo a expresar los sentimientos: el llanto, el temor, porque se sienten esencialmente vulnerables y ‘sensibles’ ”.
¿Qué será de los hombres ahora que las mujeres van ganando terreno? El mundo contemporáneo promueve un rechazo a la cultura del machismo y los hombres se mantienen silenciosos; si acaso, sus quejas resultan muy veladas. Son ellas, incluso, dentro de sus organizaciones y contextos, las que analizan, discuten y debaten la problemática de GÉNERO, y las que se preocupan por los problemas del hombre, pero visto casi siempre desde la perspectiva femenina. Ellos no quieren quejarse públicamente.

Han sido “diseñados” para tener novias desde el círculo infantil, poder con todas, no doblegarse, beber alcohol, ser violentos... y eso es una carga muy pesada.

Responsabilidad colectiva
Con la incorporación al trabajo y a un mayor acceso a la vida pública y social, la mujer ha experimentado un cambio tangible. Sus exigencias le han abierto puertas insospechadas antes: independencia económica, divorcio, uniones consensuales, madres solteras, etc. Sin embargo, el machismo sigue prevaleciendo. Se ha modificado, sí, mas ahí está. Solapado, pudibundo y adecentado, pero todavía persiste.

Queda en la responsabilidad colectiva su erradicación a partir de nuevos hábitos educativos que promuevan la igualdad social, aunque seamos biológicamente diferentes.

Como expresara el mencionado programa “Nosotras” y retomando algo escrito en la revista Bohemia hace ya algunos años: “Tenemos que dejar de ser más machos para ser más hombres, para ser mejores seres humanos”.

 

Machismo vs. feminismo

 

Fuentes:- Arés Muzio, Patricia. “Virilidad. ¿Conocemos el costo de ser hombre? En Sexología y sociedad. Año 2.No. 4. Abril, 1996.

- Bourdieu, Pierre. Editorial Aún creemos en los sueños. Con la colaboración del Instituto Cultural Franco-chileno, 2002.

- Engels, Federico. “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”. En Prensa Libre. La Habana, 1961.

- Revista CQ No. 72. Noviembre, 2002.
 

 

 

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