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Arte

Harold Gramatges
Compositor, pedagogo, vanguardista
A pesar de la preparación musical con que contó, no estuvo sujeto a escuelas ni métodos; para él todos eran válidos, pues le confería vital importancia al resultado de la obra y su función social

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9 Sep 2016

 

 

Harold Gramatges Leyte-Vidal (1918- 2008), fue un compositor santiaguero, sencillamente clásico, abierto, fraterno, producto fiel de una infancia rodeada de cultura y sensibilidad hacia la música.

Descendía de una familia catalana que se dispersó en la época de las guerras napoleónicas. Su abuelo paterno, joyero y relojero, se instaló en Santiago de Cuba y dejó la huella de su estancia en la ciudad, con la creación del reloj de la fachada de la Catedral. El abuelo materno, por su parte, fue todo un general de las guerras cubanas por la independencia, Francisco Leyte Vidal.

El interés prematuro por la música lo debió, en gran medida, a su padre, aficionado al violín, quien modestamente le impartió las primeras lecciones.

Muy joven, Harold Gramatges fue capaz de reproducir piezas en el piano por imitación auditiva. Su primera presentación en público como pianista, tuvo lugar en la Sociedad Teosófica con solo ocho años de edad. En aquella oportunidad se desempeñó como acompañante de su progenitor.

A pesar de la preparación musical con que contó, no estuvo sujeto a escuelas ni métodos; para él todos eran válidos, pues le confería vital importancia al resultado de la obra y su función social, más allá de la crítica que pudiera despertar en su momento.

Su gran preocupación fue siempre la arquitectura de la música. En tal sentido expresó: “No compongo para que me escuchen únicamente los especialistas, sino para que me oiga el público y me comprenda”.

El catálogo musical de Gramatges abarca toda una gama de colores y expresiones tales como: música sinfónica, de cámara, coral, vocal, para piano,  guitarra, teatro, ballet y cine.

Lo cubano está presente en sus obras de manera directa. Se evidencia en ellas un nacionalismo muy elaborado y refinado, y así l reconoció el I Premio Iberoamericano de la Música Tomás Luis de Victoria, que recibió en1996.

A lo largo de su vida le fueron otorgados otros importantes reconocimientos, entre los que se destacan la Distinción por la Cultura Nacional (1981), del el Ministerio de Cultura; la Orden y Medalla Alejo Carpentier (1982), del Consejo de Estado de la República de Cuba; la Orden y Medalla Félix Varela (1988), también del Ministerio de Cultura; y  el Premio Nacional de Música (2002), de la UNEAC.

Las composiciones de este significativo músico han dejado una huella imperecedera en la música contemporánea latinoamericana y mundial.

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