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Condón versus compromiso
Nadie quiere sufrir las consecuencias de un descuido. Pero sería bueno reflexionar si es en verdad el preservativo lo más eficaz para preservar a los jóvenes que no solo peligran por el SIDA, sino también ante múltiples enfermedades venéreas
27 Jul 2016

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Actualmente, el condón es considerado por la mayoría de las personas como “la varita mágica” contra el VIH y otros males que golpean nuestro mundo. Está entronizado en las escuelas, centros de trabajo, policlínicos y lugares públicos. La mayoría de los jóvenes llevan un condón en su billetera, esperando recibir de este la protección necesaria si se les presenta alguna oportunidad.

Nadie quiere sufrir las consecuencias de un descuido. Pero sería bueno reflexionar si es en verdad el preservativo lo más eficaz para preservar a los jóvenes que no solo peligran por el SIDA, sino también ante múltiples enfermedades venéreas.

Y esto es sin mencionar los complicados embarazos no deseados, causantes de un alto número de madres adolescentes con criaturas a las que ni siquiera saben cuidar ni educar; o abortos que pueden afectar la salud psicológica y física de la madre, así como su futura capacidad de engendrar. Vale la pena analizar si hay alguna verdad que hemos ignorado y supere al condón en sus efectos.

Las generaciones más cercanas a nuestros días han agudizado un fenómeno que ha existido siempre: “miedo al compromiso”. Un compromiso implica responsabilidades, limitaciones y obligaciones. Todos hemos sentido este miedo. La mentalidad actual es: “Disfruta de los beneficios pero no te comprometas; tómalo, úsalo y luego déjalo. No asumas la responsabilidad”. Esta misma forma de pensar lleva a las personas a tener relaciones sexuales mal llamadas libres.

Hoy con esta, mañana con aquella, pasado vendrá otra (esto en el caso de los hombres, aunque las mujeres no quedan fuera). Aun aquellos que viven juntos no quieren comprometerse, para poder huir el día que quieran o de vez en cuando “sacar un pie fuera de la casa”. Las consecuencias de ello no solo pueden observarse en el área sexual, sino también en la esfera laboral, la estudiantil y la social. No dedicaré este comentario a estas áreas, pero será fácil para ti identificar los efectos de la falta de compromiso en el caminar día a día.

Todos saben, lógicamente, que sin compromiso no se alcanza ningún logro duradero. Es natural para las personas aplicar este concepto en otras facetas de la vida. Lo pueden decir los médicos que consagran seis años a lograr su sueño, o el descubridor de la electricidad, o los científicos que completaron el mapa del genoma humano.

Pero cuando se trata de relaciones interpersonales es difícil, para la mayoría de nosotros, vincular su efectividad con el compromiso. Tal parece que intentamos violar una ley universal: la Ley del Compromiso, tangible y aplicable a cada persona, más allá de cualquier religión, sistema político, filosofía o país. Nadie puede negarla cuando reprueba un año y le aplican el cartel de que “no es un muchacho estudioso” para señalarle su falta de responsabilidad. Aun cuando intentemos ignorarla en las relaciones de pareja, la Ley del Compromiso sigue esperando que alguien la aplique y vea que es efectiva en las relaciones humanas. No obstante, nuestro primer deber es con nosotros mismos, el deber de escoger alguien con quien valga la pena estar.

Las consecuencias de obviar el compromiso no son siempre visibles como el VIH, un embarazo no deseado o cualquier enfermedad de transmisión sexual. En ocasiones son tan secretas y profundas que solo las conocen aquellos que llevan la herida. Por eso es normal encontrar jóvenes sonrientes y hermosas pero que no creen tener valor alguno, se prostituyen o se entregan a cambio de dos cervezas en un DiTú.

Otros llevan las marcas de la traición y acosan a cualquiera que se atreva a interesarse en ellos con celos constantes. Pero el problema de trasfondo sigue siendo el mismo: una baja conciencia del valor que poseen como persona. Hablar también de los jóvenes acomplejados, que no se atreven a establecer una nueva relación después de ser catalogados en un primer intento como “malos en la cama”, debido a que no cumplieron las expectativas de su pareja.

Todo sexólogo conoce que para complacer a una persona sexualmente se necesita mucho tiempo, para aprender sus gustos y preferencias, y saber las maneras en que puede ser mejor estimulada, únicas en cada individuo. Esta verdad que apunta a al compromiso profundo también es ignorada en nuestra sociedad. Los ejemplos de la forma en que afectan las relaciones sin compromiso entre los jóvenes de todo el mundo pueden ser innumerables.

Una relación sexual siempre transmite, de manera inigualable, sentimientos de amor y compromiso; en una relación sexual siempre se dice, aún cuando no se quiere: “Te amo, eres importante para mí, voy a estar siempre a tu lado, estoy comprometido contigo”. Pero cuando ha terminado todo y se compara entre lo que se percibió y la realidad, simplemente no se compensa; y se busca una y otra vez la misma experiencia, para sentirse amados al menos por poco tiempo, sin saber que en ello se puede ir la VIHda.

El problema principal está en nosotros. No es el uso del condón la solución a los temores de esta generación. Solo una persona comprometida puede disfrutar de una intimidad y seguridad exclusivas de este ámbito. Solo una persona comprometida puede disfrutar de guardarse del VIH y otras enfermedades de transmisión sexual. Una persona comprometida tiene el privilegio único de disfrutar de la fidelidad de otra, porque nunca recibiremos lo que no somos capaces de dar. Solo una persona comprometida puede ser librada del dolor de las relaciones sexuales sin compromiso.

Sin embargo, el condón, junto al compromiso, conforma una combinación poderosa. ¿Qué mejor para la planificación familiar que el preservativo? En un ámbito de compromiso, es posible usar el condón de mutuo acuerdo. Puede tratarse de matrimonios jóvenes que aún no deseen tener hijos, o mujeres que no desean “ligarse”. Existen tantas aplicaciones como situaciones tengan las parejas implicadas. Conozco casos en los que se le prohibió a la mujer quedar encinta durante cierto tiempo porque podía traer graves riesgos para su salud y un probable aborto espontáneo.

Reflexionemos y no ignoremos más el compromiso, que se levanta como un muro sobre el que podemos caminar o con el que podemos chocar. Nos espera la oportunidad de construir relaciones fuertes y duraderas que nos ayuden a lograr cosas importantes en la vida, que nos proporcionen el sentido de pertenencia que necesitamos y la oportunidad de experimentar la realización humana. Junto con estas oportunidades vienen retos, pues cuando se trata de relaciones interpersonales no hay psicólogo ni psiquiatra que tenga la última palabra.

Pero bien vale la pena intentarlo: estamos en el camino por el que muchos otros han pasado y tenemos la oportunidad de aprender de ellos.

 

 

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