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Deporte

Cosa de Santos
Roel Santos ha demostrado ser uno de los jugadores más peligrosos una vez que se embasa. Corre por el terreno como si cada vez fuera la última. Según cuenta, se enciende con el aplauso de su público

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24 Jun 2018

 

 

La primera vez que fui a un estadio tenía 11 años. Era el juego más importante de la temporada entre Santiago de Cuba e Industriales en el Latinoamericano. Las gradas estaban llenas completamente, parecía un antro de perdición: el ruido de las trompetas, los carteles, muñecos de leones y consignas gritadas a coro al equipo santiaguero volvían loco a cualquiera.

Ya hace más de diez años de aquella primera experiencia y reconozco que ese fue el momento que despertó en mí la pasión beisbolera. Por supuesto, con el paso del tiempo aprendí que los equipos no serían nada sin los atletas que lo integran, y es por eso que dejé de prestar tanta atención al color de la camisa y me enfoqué en disfrutar a aquellas personas, que son, verdaderamente, jugadores inmensos.

Esta temporada comencé a seguir un joven que resultó ser de los más sensacionales de la Serie Nacional: Roel Santos. Tuve la oportunidad de entrevistarlo la tarde antes de que partiera hacia México, como parte del equipo Granma reforzado, el Cuba que nos representaría en la Serie del Caribe. El muchacho de 30 años, natural de Niquero, demostraba al comienzo cierto nerviosismo, timidez y travesura a la vez, tal como fueron sus inicios en el deporte nacional.

“Yo venía practicando el deporte desde los cinco años, como pasa casi siempre en Cuba, que los muchachos juegan en el barrio con sus amiguitos. Logré entrar en un área organizada a los ocho, gracias al activista Juan Luis Yuri, porque yo vivía en una zona rural. Así me presentó a mi primer entrenador, José Fridas y empecé mi carrera en la pelota.

“Esta fue una etapa muy bonita en mi vida, porque significó el comienzo mío en el béisbol organizado. Cuando entré en la categoría 11–12 fuimos campeones, y me convertí en uno de los jugadores más destacados. Rápidamente me captaron para hacer equipo nacional ese mismo año. Desde chiquito tenía mucha velocidad y era muy bueno al bate.

“Después hice una pausa en mi carrera y no regresé más a la escuela de deportes, pero seguí mis estudios, me gradué de técnico en Termodinámica. Al poco tiempo me volví a interesar en el béisbol porque a pesar del impasse en mi carrera, siempre supe que jugar pelota era lo que más quería. Así, me tracé una meta y fui a la academia de béisbol, donde estuve durante dos años. Para el 2009 me pusieron en la Liga de Desarrollo, enseguida hice equipo Granma y fui uno de los jugadores más reconocidos del grupo. 

 

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