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Sexualidad y salud

Crónica de Mario
Diciembre de 1998 Los vi por primera vez. Si mal no recuerdo era un mediodía que nada tenía que ver con el invierno. Cruzaba el Parque 13 de Marzo, de La Habana Vieja. Las mantas en el suelo llamaban la atención de todo el que pasaba por ahí

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3 Sep 2015

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    5 Nov 2015

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    Diciembre de 1998 Los vi por primera vez. Si mal no recuerdo era un mediodía que nada tenía que ver con el invierno. Cruzaba el Parque 13 de Marzo, de La Habana Vieja. Las mantas en el suelo llamaban la atención de todo el que pasaba por ahí.

    Guantes de boxeo, zapatos deportivos, ropa, libros, pinceles, escritos. Una gama amplia de pertenencias de personas fallecidas por SIDA. Junto a cada manta, a cada muestra, estaban con sus pulóveres amarillos. En el frente, la figura casi caricaturesca de un microbús con un carrito enganchado y las cabezas multigéneros y multirrazas de quienes viajaban en él. En la espalda, un logo con un lema escandaloso para aquellos días: “Sin condón, ni pensarlo”.

    Era un tiempo diferente y el problema todavía no se consideraba tan grave, pero apuntaba a serlo.

    Pasabas, y te entregaban folletos con información sobre VIH y SIDA, te regalaban condones y respondían cualquier pregunta que les hicieras. Unos extranjeros parecían ser los responsables de aquel grupo. los volví a ver un par de veces más.

    Pasado un tiempo, creo que fue una noche de 1999, mi esposa y yo veíamos un programa de televisión. Era sobre ese mismo grupo, su taller de formación de promotores, y apareció en una toma de la cámara una ex novia con quien mantenía una estrecha amistad. Yo sabía de la situación económica de su familia, nada cómoda.

    Nos vimos después, y me explicó que era voluntaria en un proyecto de prevención de las infecciones de transmisión sexual, el Virus de Inmunodeficiencia Humana y el SIDA.

    —¿Estás loca? ¿Como están las cosas por aquí y gastas tu tiempo en algo que no reporta? —le comenté.

    —No lo entenderías —fue su respuesta. Y tenía razón.

    En diciembre de ese mismo año los volví a ver con su guagüita y el carrito enganchado atrás, sus pulóveres amarillos, sus plegables, condones e informaciones. A ella no la vi. Ya tenía un trabajo que no le daba mucha libertad.

    Llegó 2000. Otra vez el carrito Por la Vida en la calle. Les pregunté cómo era la cosa.

     

    Sigue...

     

     

     

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