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Cuba joven

Cuando el azar te gobierna
Julio no aparenta estar enfermo; alto y musculoso, parece un deportista de la elite mundial. Pero a pesar de sus veintinueve años y su aspecto más que saludable, padece una grave enfermedad: es adicto a los juegos de azar
6 Mar 2016

 

 

Julio no aparenta estar enfermo; alto y musculoso, parece un deportista de la elite mundial. Pero a pesar de sus veintinueve años y su aspecto más que saludable, padece una grave enfermedad: es adicto a los juegos de azar.

“De niño jugaba a las bolas por dinero—sonríe con amargura— y en la adolescencia comencé a jugar a las cartas. Lo hacía para tener dinero y poder impresionar a las muchachas. Era, como se dice vulgarmente, un especulador”.

Aunque Hollywood no cesa de vendernos la imagen del jugador que fácil y rápido gana fortunas en los casinos, la realidad es muy distinta. Apostar en cualquier tipo de juego puede conducir a serios problemas financieros, legales, incluso de salud. Esto bien lo sabe Julio, que dejó la mayoría de sus pertenencias en apuestas.

“Tuve que empeñar cosas; perdí un celular buenísimo que me habían regalado, el televisor, mi equipo de música, el refrigerador, el reloj…”, y muestra un lujoso reloj que por suerte pudo recuperar.

¿Qué llevó a este joven, bien parecido, con casa propia, profesor de Educación Física y que incluso llegó a integrar la preselección nacional de balonmano, a perderse en los oscuros vericuetos del juego y las apuestas?

“Me he dado cuenta de que la adicción al juego es, ante todo, un problema de personalidad, de que uno casi siempre lo hace para alimentar su ego. Es la debilidad de carácter, los deseos de tener cada vez más cosas sin esfuerzo, lo que hace que usted se meta en esto”.

Hace casi un año, Julio comenzó a tratarse en el Centro Comunitario de Salud Mental del municipio capitalino de Playa, donde ha aprendido sobre su padecimiento y lo han ayudado mucho. Al inicio de la entrevista acepta que lo fotografiemos, luego nos pide que no publiquemos las imágenes.

“En casi todos los lugares me miran como a un bicho raro si digo que soy ludópata. Creo que de todas las adicciones, es la menos conocida. Llevo meses visitando distintas consultas y no he encontrado a ningún otro que esté tratando de dejar el juego.  Me relaciono con gente que lucha contra las drogas y el alcohol, pero aún no he visto a otro jugador”.

Sin estadísticas disponibles, resulta difícil cuantificar el fenómeno del juego y las apuestas en Cuba; en cambio, es visible que en determinados sectores proliferan las ilegales peleas de perros y gallos, con las consiguientes apuestas.

Y no escasean los sitios donde se juega a la bolita casi a la luz pública, a pesar de estar proscrita.

 

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