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Es difícil tratar con jóvenes y adolescentes, sobre todo cuando no escuchan o razonan, al menos, algo de lo que se les dice. Es arduo el papel de los padres, no hay una guía que los enseñe a ser “perfectos”, pero tampoco es fácil ser adolescente con tantos conflictos y, en algunos casos, con poca visión para prever consecuencias.
Recuerdo cuando transitaba por esa edad: A veces me parecía que mis padres eran injustos en sus decisiones, principalmente porque siempre fui una niña respetuosa con mis mayores y supe ganarme su confianza. Mis notas eran geniales, podía decirse que era una niña modelo; sin embargo, no entendía el porqué de ciertas disposiciones. Hoy las comprendo casi todas y debo decir que me ha ido muy bien en la vida, en gran parte por aquello que en su momento consideré equivocado e incomprensible.
Claro que todos cometemos errores y nadie escarmienta por cabeza ajena, pero aún en esa etapa tempestuosa que es la juventud, sí es posible razonar y comprender el objetivo de los padres cuando prohíben o no permiten determinadas conductas y comportamientos.
Conozco el caso de una muchacha que siempre fue rebelde y hoy día, cercana a cumplir los 20 años, lamentablemente no sabe o “no quiere” razonar, escuchar, valorar, lo que las personas que la quieren le aconsejan. Va por un camino en el que se ha construido la fama de ser una chica fácil y, por supuesto, todos quieren pasar un buen rato y nada más. Ella misma no quiere verlo, vive enajenada en una burbuja creyendo que tiene el mundo a sus pies y que es toda una revelación, una cosa extraordinaria nunca vista.
A pesar de las abundantes recomendaciones, insiste en codearse con personas de pocos valores que nada positivo le aportan, y es a ellas a quienes escucha e imita. Ojalá recapacite y se dé cuenta a tiempo del mal que se hace a sí misma, y de que no es sencillo desprenderse de una reputación tan desfavorable.
Esta situación, como la de muchos jóvenes, resulta incomprensible y molesta especialmente para los familiares, quienes se desgastan y agregan una preocupación más sin encontrar una respuesta sobre cómo hacerlos entender y cambiar de actitud.
Por eso exhorto a quienes estén en situaciones similares a que piensen y vean más allá de una prohibición en sí, que aprendan a medir las consecuencias de sus actos y las asuman.
Recuerden que para ser tratados y respetados como los adultos que muchos creen que son a esta edad, deben actuar como tales en todo momento y no solo cuando convenga o se desee.
Ser un adulto responsable implica tener la capacidad y la madurez para escuchar, razonar, aceptar críticas, para luego tomar decisiones correctas y cambiar.


Comentarios
TODO LO ANTES ESCRITO TIENE GRAN COINCIDENCIA , MAS SE LE DEBERIA DAR MÁS PUBLICIDAD EN LOS MEDIOS TELEVISIVOS Y EN LAS ESCUELAS. ADEMÁS, EXISTEN PADRES QUE NO QUIEREN EDUCAR A SUS HIJOS COMO LOS EDUCARON A ELLOS MISMOS PORQUE CREEN QUE FUERON MUY DUROS.
Como dice el dicho, nadie lo dijo mejor. Me gustó mucho el enfoque del artículo y lo descrito en él, es indispensable cambiar el prototipo de todopoderoso dinero para conseguir las cosas materiales y descuidar en abundancia los sentimientos...