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Una semana antes de cumplir los ochenta años murió Gonzalo Roig Lobo, el autor de uno de las melodías cubanas más interpretadas en el mundo: “Quiéreme mucho”.
Fue contrabajista de importantes orquestas en su juventud, maestro de coros en el teatro Albisu, hoy desaparecido, y viajó al extranjero al frente de compañías de teatro cubano, siempre creando melodías.
Uno de los momentos culminantes de su vida fue la fundación, en 1922, de la Orquesta Sinfónica de La Habana. También fue relevante su labor al frente de la Banda Municipal, cargo que desempeñó hasta su muerte. Al genio musical de Gonzalo Roig se deben también una de nuestras más hermosas zarzuelas: “Cecilia Valdés”, y piezas igualmente exitosas en nuestro continente, como “Yo te amé”, “Cuando nacieron en mi pecho amores”, “Ojos brujos” y “No me preguntes por qué estoy triste”.
El destino impensado de una composición olvidada
La historia de “Quiéreme mucho” es realmente curiosa. En 1915, en la sala Espadero del conservatorio Hubert de Blanck, el tenor Mariano Meléndez estrenó una de las melodías compuestas por Gonzalo Roig: la criolla-bolero “Serenata cubana”.
Dos años más tarde, en el teatro Alhambra, al autor le encomendaron poner música a un sainete titulado “El servicio militar obligatorio”. Roig desempolvó su “Serenata”, y la incluyó en la partitura de la obra. Noches más tarde, Rafael Llorens y Blanca Becerra estrenaban la pieza musical que toma su nombre de las primeras palabras de su estrofa: “Quiéreme mucho”.
Medio centenar de versiones se han hecho de esta romántica composición, que ha sido interpretada en todos los estilos y ritmos.


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