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Vida estudiantil

Cuba: también de cultura vive el hombre
De un extremo a otro de Cuba, más de seis mil instructores de arte laboran en zonas rurales y ciudades, en lo que se considera aquí una cruzada para elevar la cultura general de la mayoría de la población
17 Sep 2014

(Publicado en 2006)

 

De un extremo a otro de Cuba, más de seis mil instructores de arte laboran en zonas rurales y ciudades, en lo que se considera aquí una cruzada para elevar la cultura general de la mayoría de la población.

Con dos graduaciones históricas presididas por el mandatario Fidel Castro el proyecto de formación de instructores de arte, se afianza dentro de la sociedad, que transita hacia una nueva estadía en la masificación de la cultura.

En el capitalino municipio de Boyeros se ubica la Escuela de Instructores de Arte Eduardo García Delgado.

Este centro fue creado en el año 2000, cuando todo el país estaba pendiente del regreso del niño Elián González, secuestrado por parientes de Miami, Estados Unidos, y como parte de un conjunto de programas sociales y económicos bautizados como Batalla de Ideas, recuerda su director, Mario Pérez.

Los centros son 15 (uno en cada provincia y el municipio especial de Isla de la Juventud), y responden a la necesidad de formar esta importante fuerza de profesionales según la demanda de fuerza de trabajo en cada territorio, apunta.

En estas instituciones los estudiantes cursan cuatro años en igual número de manifestaciones artísticas, instructor de Artes Plásticas, Teatro, Danza y Música, y todos tienen como base común un bachillerato en Humanidades.

Según el directivo, el objetivo fundamental del plantel es formar un profesional revolucionario, con amplios conocimientos culturales, conciencia social y alta apreciación del arte universal.

En el centro el alumno obtiene un perfil laboral pedagógico. Al decir de Pérez: se convierten en artistas, cuya labor profesional es transmitir los valores de una cultura general integral, máxima aspiración que tenemos como pueblo.

Lisandra Castillo, de la primera graduación, imparte clases en la escuela Concepción Arenal, del capitalino municipio de La Habana Vieja, donde montó un interesante proyecto de rescate de bailes tradicionales cubanos.

En una improvisada pista, escolares de quinto y sexto grados se dejan envolver en el elegante aire de bailes que antaño impulsaran los pies e ilusiones de sus antepasados de segunda generación.

La mayoría no sabía que esos ritmos tradicionales de Cuba existían, mucho menos los pioneros que comienzan a descubrirlos, asevera la instructora, mientras da indicaciones a los bisoños bailadores.

A las clases asisten más de 35 niños y un buen grupo de padres y curiosos de la comunidad aledaña a la escuela Concepción Arenal.

“Todos están muy entusiasmados. Les encanta porque ponemos ganas y amor a lo que hacemos con el objetivo de que se sientan bien y sean mejores individuos”, afirma.

La joven explica que su función principal en el centro es impartir clases en horario curricular (de las 8:00 a las 16:00 horas), luego de ese tiempo se dedica a sus muchachos del taller de bailes populares cubanos.

Por su parte, durante un recorrido por el centro de Boyeros, el alumno de segundo año Rafael Gómez, comenta a Prensa Latina sobre sus sueños y aspiraciones como estudiante y futuro profesional.

No es San Alejandro (importante escuela de arte situada en la capital), reconoció el joven, pero me siento satisfecho de estudiar en el centro.

He aprendido muchas cosas aquí, sobre todo técnica, composición, cultura general e historia del arte, afirma en aprobación del trabajo de sus profesores, una responsabilidad que le tocará asumir.

Transmitir mis conocimientos a mis discípulos será tan gratificante como enrolarme en un proceso creativo. De todos modos seré artista, afirma resuelto.

Ellos entran aquí con unas enormes ganas de ser creadores, tanto que a veces se desesperan. Así describe el perfil de sus discípulos la profesora de Diseño María Elena Cañas.

A veces se impacientan porque sienten que el programa docente no va todo lo rápido que ellos esperan. Quieren descubrir cosas, añoran crear y dar salida a todo lo que sienten.
Aclara que la escuela no es de nivel superior, y los muchachos se preparan básicamente para ser instructores de arte y trabajar en las comunidades y escuelas.

La función de ellos —subraya Cañas— es ayudar a las personas a desarrollar su creatividad, y contribuir a que lo mejor del arte popular se desarrolle a plenitud.(PL)

 

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