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Año III, La Habana, Cuba
Es bastante común escuchar que las mujeres, más que por el aspecto físico o por las zalamerías, son seducidas por aquel que las haga reír.
Sonreírle a un extraño en la calle puede constituir un regocijante flirteo. Sin embargo, este sencillo acto puede desencadenar las más extrañas reacciones. La risa funciona como una llave que da la posibilidad y hasta la potestad para entrar en nuestro mundo.
Así que al sonreír a alguien inconscientemente estamos dándole vía abierta para comenzar un cortejo que, de alguna manera, buscará indefectiblemente la aceptación.
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