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Historia

Luis Posada Carriles vive en una suite
El culpable espera ser condenado
El 6 de octubre de 1976, el avión CUT-1201 de Cubana recorría el itinerario Bridgetown-La Habana. De pronto, una onda explosiva sacude la estructura del equipo, no hay ninguna posibilidad de salvación: por mucho que la tripulación se esfuerza, cae al agua y provoca la pérdida de 73 vidas inocentes.
11 Jul 2014

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El 6 de octubre de 1976, el avión CUT-1201 de Cubana recorría el itinerario Bridgetown-La Habana. De pronto, una onda explosiva sacude la estructura del equipo, no hay ninguna posibilidad de salvación: por mucho que la tripulación se esfuerza, cae al agua y provoca la pérdida de 73 vidas inocentes. Cubanos, norcoreanos y guyaneses son calcinados por la brasa del fuego que se expande por el avión.

El móvil o modus operandi presagiaba una acción terrorista, bien planificada por un grupo de apátridas naturales de la Mayor de las Antillas que, aupados por la desacreditada Agencia Central de Inteligencia (CIA), intentaban borrar de la faz de la Tierra a la Revolución Cubana.

Luis Posada Carriles, archiconocido terrorista, fue investido como el autor material e intelectual del horrendo crimen, junto a los venezolanos Freddy Lugo y Hernán Ricardo. Los tres se dieron a la tarea de estudiar y proponer el plan de acción que los llevaría al éxito deseado. Cuba y su proceso socialista les quitaba el sueño a 90 millas; esto no podía ser.

Sin embargo, en 1998 —a 22 años de aquel nefasto acontecimiento— cinco jóvenes fueron llevados a prisión por el simple hecho de defender a Cuba de actos genocidas. El odio se apoderó del concilio depravado de la mafia organizada por la Fundación Cubano-Americana.

René, Fernando, Ramón, Gerardo y Antonio fueron acusados. Condenas pedidas con todo furor; nadie que tuviera dos dedos de frente puede admitir tal ignominia, pero —a pesar de los pesares— el mundo ya percibe lo injusto de tal proceder judicial norteamericano.

Del otro lado, el hombre causante de tanto dolor campea en una cárcel tejana en El Paso, actual territorio norteamericano, con más veleidades y comodidades que un príncipe real o un Primer Ministro.

Pero la historia algún día hará justicia. Mis compañeros esgrimistas masacrados en la barbarie no quedarán en el olvido. Más temprano que tarde, Posada Carriles y compañía llevarán sobre sí el peso del castigo por tan abominable hecho.

No es que pidamos venganza, sino justicia. Que los culpables no sigan esperando por una pueril decisión fiscal. Cuba, la República Bolivariana de Venezuela y todo el planeta claman por un veredicto justo e imparcial.

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