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Arte

Curadores de tristezas (Cont.)
15 Oct 2016

 

 

Se olvidan las penas
De los camiones de montaña que los trajeron hasta allí ahora bajan con vestuarios y obras de artistas de la plástica, con guitarras, timbales y una marimba. La misma explanada que acaban de sanear es su camerino.

Un hermoso pendón es colocado por oficiales de la Región Militar Guantánamo, que organiza y convoca. Y justo entonces comienza la otra función.

No eran tantos los espectadores hasta que se escuchó el primer toque de tambor, que atrajo a muchos a la plaza. Al principio los rostros de quienes están delante del escenario reflejan un abatimiento difícil de describir, pero entendible, porque todos ellos perdieron algo para lo cual algunos lucharon casi toda una vida y otros recuerdan cuánto les costó.

El Conjunto Artístico trae breves escenas de obras humorísticas, danza folclórica, buena música campesina y urbana, una exposición de grabados que toma forma en una cerca de alambres que entre todos levantaron del fango. Soldados y oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias solo por unos instantes dejan de doblar sus espaldas y corean, bailan e invitan; se van dibujando risas en las caras de los presentes.

Nadia Fajardo, una jovencita de secundaria básica, me dice que le encanta lo que ve y que le hacía mucha falta a ella y a los de su familia, que estaban con los ánimos por el piso desde que un día después del paso de Matthew llegaron y ya no estaba como antes su casa al pie de la playa. Lo perdieron todo, excepto los colchones.

José Javier, Osmaydis y Luis Dayron son primos y también están en la plaza. ”Estamos disfrutando las funciones para olvidarnos un rato del desgraciado huracán ese que nos desbarató nuestras casas y salir de aquí con más deseos de recuperarnos, porque la vida sigue y hay que trabajar duro y con el buen ánimo que nos transmiten estos artistas”, dice la muchacha.

”¿No hay payasos?”, escucho preguntar a una niña. Le responde la madre que seguramente sí. Y solo ese supuesto le saca la sonrisa que un rato después le arrancaban los absurdos de un excéntrico personaje con nariz de bombón.

Cuando termina la función no cesan los comentarios favorables de la gente de Cajobabo y mucho menos la alegría que llevaron después al otro escenario, ya fuera en sus casas, en las de un vecino que no tiene quién le ayude, o donde es preciso trabajar duro para revitalizar más servicios y volver a la normalidad.

 

 

Sigue...

 

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