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Historia

La defensa del obrero fue el objetivo de su vida
Aunque han transcurrido varias décadas desde que la voz de Lázaro Peña González se apagó para siempre, entre las galeras de los tabaqueros y el característico sonar de sus chavetas, él sigue vigente entre los trabajadores cubanos, que tienen presente su ejemplo y dignidad, desde el momento en que, muy joven, se puso al lado de los más humildes.

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17 Oct 2014

 

 

(Publicado en 2007)

 

Aunque han transcurrido varias décadas desde que la voz de Lázaro Peña González se apagó para siempre, entre las galeras de los tabaqueros y el característico sonar de sus chavetas, él sigue vigente entre los trabajadores cubanos, que tienen presente su ejemplo y dignidad, desde el momento en que, muy joven, se puso al lado de los más humildes.

A muy temprana edad sufrió la desaparición física del padre, lo que le obligó a iniciar su peregrinar por diversos sectores. Más tarde se desempeñó como aprendiz de herrero, carpintero y albañil, hasta que su madre, despalilladora en una fábrica habanera de tabacos, lo inició en ese mundo de larga tradición de lucha, primero como operario y luego como lector de tabaquería.

Esta labor le dio posibilidades de ampliar su cultura, conocer más y mejor las ideas de José Martí y sobre todo, estudiar con fervor la historia de Cuba, de la que hizo un arma de combate a lo largo de toda su trayectoria como dirigente político y sindical, desde que ingresó en 1929 en las filas del Partido Comunista, por entonces en el clandestinaje.

Un lustro más tarde, fue electo miembro de su Comité Central del Partido y los compañeros de luchas le llevaron como secretario general del Sindicato de los Tabaqueros y también del Comité Ejecutivo de la Confederación Nacional Obrera de Cuba.

Cuando en 1939 se celebró en la capital cubana el Congreso Nacional donde se constituyó la Confederación de Trabajadores de Cuba, los asistentes eligieron a Lázaro Peña como su secretario general, pues su larga trayectoria de luchas y conocimiento del movimiento obrero le permitieron mantenerse firme, aun en los peores momentos de la dictadura de Gerardo Machado y otros representantes de los gobiernos de turno, que sólo defendían los intereses de las clases adineradas.

En su vida laboral se destaca como la obra cumbre de ese líder de los trabajadores, la organización del Décimo Tercer Congreso Obrero, a pesar de que ya estaba muy enfermo, por lo que su nombre brilla, con caracteres indelebles, junto a los de otros no menos importantes líderes del proletariado cubano como el azucarero Jesús Menéndez y el portuario Aracelio Iglesias.

 

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