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Sexualidad y salud

Depresión postparto (Cont.)

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25 Jun 2016

 

 

¿Cuándo es más común?
La DPP, si no es tratada correctamente, afecta las actividades de la vida diaria. No existe rango de edades, y sus efectos en la relación madre-hijo no distinguen diferencias culturales o nivel socioeconómico.

Su impacto en el desarrollo del recién nacido está directamente vinculado con la duración e intensidad del evento. El deterioro que puede provocar en la interacción familiar del pequeño puede generar comportamientos inseguros y alteraciones del desarrollo psicomotor.

Los hijos de madres con depresión postparto tienen más del doble de posibilidades de presentar problemas de conducta a largo plazo y de ser víctimas de violencia intrafamiliar. Asimismo, asisten a un menor número de controles de salud y presentan alteraciones en sus rutinas de cuidados como, por ejemplo, la lactancia. que suele cesar precozmente.

¿Qué la genera?
No es posible distinguir una causa única que explique la ocurrencia de este trastorno. Dentro de los factores de riesgo de mayor asociación se distinguen antecedentes personales de baja autoestima, relaciones maritales dificultosas, redes de apoyo insuficientes y en particular, cuadros ansiosos y de estrés durante el embarazo.

El estado civil, antecedentes familiares de problemas mentales, vulnerabilidad genética de la madre, tristeza severa, características de personalidad y estilos de vida tendientes a la negatividad, la experiencia del parto y las complicaciones obstétricas, la depresión en las parejas y, por último, características de salud y temperamento del recién nacido, son otros tantos desencadenantes de la DPP.

Algunas teorías biológicas asociadas al desarrollo de este padecimiento lo relacionan con bajos niveles séricos de triptófano, un aminoácido esencial en la nutrición humana, al final del embarazo e inicio del puerperio, lo cual provoca variaciones en la conducta habitual.

Lactancia a favor de la aceptación
Mantener un estilo de vida positivo, niveles elevados de autoestima materna, buenas relaciones de pareja y participación comunitaria, ayudarían a afrontar el estrés inicial de la maternidad. También la percepción por parte de la madre del apoyo en tareas hogareñas y de crianza, ya que la disponibilidad y el uso efectivo de redes de colaboración social o familiar mitigan el desarrollo o la severidad del cuadro depresivo.

Igualmente, se ha descrito como factor protector, especialmente en madres primerizas, la alimentación del bebé con lactancia materna. Esta induce beneficios psicológicos e inmunológicos en la mujer, pues reduce la actividad inflamatoria al disminuir la segregación de hormonas y otras sustancias reguladoras del organismo. Por el contrario, el cese brusco o su corta duración pueden generar mayores probabilidades de ocurrencia de la DPP.

 

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