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20 Jan 2017
El profe escuchó “rubia” y acusó al estudiante de racismo, oyó “metamorfosis” y lo tergiversó todo. ¿Acaso así puede existir verdadero debate?
La muchacha de al lado le dijo al alumno: “No hables más con este señor, es mejor estar callado”; sin embargo, él no pudo: “Profe, disculpe…”. Los compañeros de clase lo apoyaron.
Confieso que los jóvenes somos críticos, revisionistas, nos creemos economistas…, y hablamos con rudeza de lo que pensamos, es incorrecto o mejorable. En ocasiones, nos equivocamos, la inexperiencia y la edad nos pasan factura.
Recuerdo los días en la universidad cuando expresábamos ideas sobre papeles o en el aire, durante largos intercambios que ocurrían en el aula, un pasillo o el dormitorio y, con frecuencia, se extendían hasta horas de la madrugada.
A veces el tiempo de estudio era insuficiente para tanto por decir y preguntar, y los pedagogos debían organizar otras conferencias para explicarnos más, en turnos no incluidos en el horario docente. Y nosotros nos alimentábamos con ese bien, y sonreíamos por la satisfacción. Quizá por todo eso extraño a ese grupo de inquietos.
Varios amigos queríamos ser útiles y aportar a favor de la comunidad universitaria y con apego a las esencias de la nación. Por eso creamos publicaciones en pdf y una página web interna, con el apoyo de la dirección de la Casa de Altos Estudios.
Poco a poco se sumaron otros muchachos, con la energía de quienes deseaban demostrar talento, aunque con humildad, y, especialmente, el sitio digital se convirtió en un espacio para el debate y la construcción colectiva de conocimientos y propuestas, incluidas las de profesores.
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