Teníamos el apoyo de la rectora, quien participaba con nosotros, respondía inquietudes y contribuía al crecimiento del proyecto que abarcó una radio base, con una programación organizada por los alumnos.
A veces, analizábamos problemáticas complejas, aunque con responsabilidad y con la contribución de especialistas. Aquella etapa permanece en nuestras mentes como símbolo de alegría.
En diferentes universidades cubanas existen experiencias similares, motivo de orgullo para sus impulsores, los cuales presentan los ejemplos en eventos regionales y nacionales.
Esos aportes son muy positivos para el ánimo de los muchachos y el presente y futuro de cada centro de estudios y el país; por eso me duele tanto cuando percibo muestras de lo contrario.
Es desfavorable que, en ocasiones, algunas personas maten el diálogo, como aquella profe que dijo a una estudiante: “¡Cállese!”. Y los demás se quedaron como congelados. Verdad que las opiniones tal vez no eran acertadas, pero, ¿por qué exigirle silencio? ¿Acaso no era mejor escucharla y luego explicar?
Resulta lamentable que varios, con tiza en mano, impongan criterios, pues las discusiones desde enfoques revolucionarios y con respeto nunca son dañinas.
Estimular las miradas críticas y juiciosas
Las universidades han de estimular las miradas críticas y juiciosas, como catedrales del debate, aunque de forma consecuente con los principios de la nación.
Siempre recordaré a una profesora, bellísima e inteligente como pocas. Me impartió clases durante un semestre, y convencía con elementos irrefutables.
Conversaba sin miedo y demostraba empatía y respeto hacia quienes estábamos de frente a la pizarra que, como ella decía, éramos lo más importante.
Cuando la veía en los pasillos, pensaba en lo bueno que hubiese sido recibir sus conocimientos los cinco años de la carrera, o clonarla.
| Sigue... |


Escribe aquí tu comentario