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“Esta premisa se asocia con los hábitos, las costumbres, la forma de conducirse, de tratar al otro, de reconocer sus diferencias y no rechazarlo. Está relacionada, además, con el respeto a la individualidad, a cómo nos comportamos en determinados lugares, en cómo defendemos nuestros derechos y los de los demás, y cómo reaccionamos ante determinados hechos.
“La sociedad es un ser único y funciona como tal y todo está vinculado con la manera en que rescatamos los valores, los actualizamos, los potenciamos; y cómo además nos formamos y formamos a los jóvenes en la dicha de ser cubanos, de haber nacido en esta Isla. Eso tiene que ver más con sonrisas y alegrías y menos con agobios, aunque haya carencias”, aseguró Antonio Aja Díaz, director del Centros de Estudios Demográficos (CEDEM) de la Universidad de La Habana.
Entre los asuntos pendientes, el investigador también identificó atender la manera en que los jóvenes encuentran y reconocen al escenario de la sociedad cubana como el de su futuro, y no solo como el de su presente, cómo lo hacen suyo y participan en la construcción de ese porvenir; pero no solo eso, sino también cómo definen su construcción, los objetivos de ese futuro al que aspiran, lo cual incluye entregarles la posibilidad de la toma de decisión de ellos y ellas sobre dicha construcción social.
“Se ha hablado en numerosas ocasiones de alcanzar un socialismo próspero y sostenible. La prosperidad es vital, pues el ser humano necesita saber que en algún momento de su vida va a estar mejor, y esta cuestión tiene que ver mucho con los jóvenes, a quienes no podemos pedirles que tengan un compromiso a ultranza; el compromiso hay que edificarlo a diario y permitirles que lo construyan a su forma, manera, de acuerdo con su futuro, manteniendo nuestra identidad; pero hay que entregarles esa posibilidad.
“También se trata de invertir en temas relacionados con la familia, la célula fundamental de la sociedad. Todo lo que hagamos para fortalecer las relaciones al interior de la familia, que hoy transita por varias generaciones, es poco. Esa máxima de nuestros abuelos y padres de que podemos ser pobres pero honrados es algo que hay que rescatar y cultivar entre los jóvenes. Sin familias es difícil lograr ese propósito. Cada vez que conocemos de un hecho disfuncional en un joven busquemos la familia y vamos a encontrar ahí muchas de las causas, motivaciones y los problemas que han generado eso”, aludió el especialista.
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