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Historia

Dignidad y Raúl Roa significan lo mismo
En cualquier frente donde estuvo al servicio de la Patria, Raúl Roa García defendió con honor y humanismo los principios de la Revolución Cubana. Lo recordamos en el aniversario 31 de su muerte como lo que fue: el Canciller de la Dignidad.
3 Jul 2014

 

 

(Publicado en 2012)

 

 

Raúl Roa García tenía una trayectoria política consecuente con los principios de la defensa de la justicia y la libertad plena del hombre cuando triunfó la Revolución Cubana, la que defendió con honor y humanismo; primero, como embajador de la Isla en la Organización de Estados Americanos (OEA), y desde el 13 de junio de 1959 como Ministro de Estado, lo que pasaría a ser ministro de Relaciones Exteriores, cargo que ocupó hasta 1976.

De tales responsabilidades pasó a ser el Vicepresidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular hasta su muerte, a  los 77 años de edad, ocurrida el 6 de julio de 1982. Desde esa posición continuó, hasta el final de sus días, con su impecable actuación que le ganó, por su labor diplomática internacional, el sobrenombre de Canciller de la Dignidad, dadas sus brillantes intervenciones y cortante verbo en un incansable trabajo por difundir la verdadera imagen de su país y defender otras causas nobles de los pueblos del Tercer Mundo.

Raúl Roa nació en la barriada capitalina de la Víbora el 18 de abril de 1907, y protagonizó, junto a las personalidades políticas más relevantes de la primera mitad del siglo pasado, muchas páginas de gloria en su lucha por lograr la emancipación de Cuba. Con 18 años combatió a la dictadura de Gerardo Machado.

Como ser humano, el niño Raulito amó entrañablemente a su familia, sobre todo a su madre; era intranquilo, a veces melancólico,  “mataperreaba”  por el barrio empinando papalotes, jugando a la quimbumbia o al béisbol, patinando, montando bicicleta. Amante de la lectura, soñó con ser mosquetero del Rey o protector de huérfanas como Enrique de Lagardère, un ladrón de manos de seda o un omnipotente Fantomas. Su sentido del humor le granjeó la simpatía de todos y generó una serie de leyendas no siempre exactas.

Al decir de su amiga, la escritora Loló de la Torriente, “El Flaco” fue un buen estudiante. En la Universidad, donde se graduó en 1935 de Doctor en Derecho, nunca estaba solo y dominaba a la audiencia con sus razonamientos; era peludo, malhablado y “el más ingenioso de todos los hidalgos”.  Estuvo dos veces preso y tuvo que exiliarse. Su primera obra publicada fue “Bufa subversiva”, después aparecerían otras recopilaciones de sus trabajos periodísticos, ensayos y polémicas. 

Entre sus responsabilidades antes de 1959, Raúl Roa fue decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Público, y director de Cultura del Ministerio de Educación. Financió importantes libros, subvencionó al Ballet de Alicia Alonso, echó a andar un movimiento de puestas teatrales, salones de artes plásticas y humorismo.

A más de tres décadas de su pérdida física, Roa continúa siendo ejemplo para la diplomacia cubana pues, bajo la dirección del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, contribuyó a ejecutar una política exterior diáfana.  En el MINREX retumban sus consejos para los jóvenes acerca de la necesidad de aprender de los veteranos, cuyas experiencias y conocimientos son invaluables, decía.   

Y es que gracias a la batalla librada por el Canciller de la Dignidad en los foros internacionales, Cuba dejó de ser solo un lugar turístico del Caribe y no pudo ser aislada de América Latina y del resto del mundo. Porque como solía decir cuando lo felicitaban por el éxito obtenido en función de su cargo, “el mérito no es mío. Es de la Revolución Cubana, que yo represento”.

Fuentes: Sitios web: www.sierramaestra.cu, www.guerrillero.cu, www.siporcuba.cl.
 

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