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Driulis González Morales: voluntad a toda prueba
A lo largo de un siglo exacto de competiciones deportivas individuales y colectivas la historia de los Juegos Olímpicos recoge infinidad de acontecimientos, donde el valor humano superó los límites del dolor físico o sentimental con evidentes muestras de entregas a los quehaceres atléticos

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22 Oct 2016

(Publicado en 2007)

 

A lo largo de un siglo exacto de competiciones deportivas individuales y colectivas la historia de los Juegos Olímpicos recoge infinidad de acontecimientos, donde el valor humano superó los límites del dolor físico o sentimental con evidentes muestras de entregas a los quehaceres atléticos.

Uno de estos ejemplos con categoría de hazaña pertenece a la joven judoca guantanamera, nacida el 21 de abril de 1973, cuyo físico de 1,63 metros de estatura y 56 kilogramos de peso, a simple vista lleva a pensar en la supuesta fragilidad femenina, pero como sentencia un viejo refrán: —Las apariencias engañan—.

Driulis, de quien se puso en dudas su participación en Atlanta, en una sesión de entrenamiento, a comienzo del mes de abril, sufrió la fractura de dos vértebras cervicales. Aunque el doctor Rodrigo Alvarez Cambra diagnosticó de grave la lesión, al mismo tiempo determinó que no sería necesaria la intervención quirúrgica, sin embargo, ella pasó por un proceso de completa inmovilización del tronco casi dos meses y apenas cumplida la rehabilitación, unas tres semanas antes de compromiso olímpico, regresó a los entrenamientos.

Visitada en el hospital en los primeros días se le notaba triste e incluso tenía ciertas reservas sobre la posibilidad de intervenir en la cita atlética. Pasadas las lógicas preocupaciones iniciales, la muchacha recuperó el optimismo con renovados bríos y esperaba ansiosa el alta médica para dedicarse por entero a la preparación en el tatami: "Lo mío es el judo y no quisiera perder un solo minuto más de entrenamiento".

Muchas expectativas despertó la presencia de la criolla en la división de 56 kg., pues a pesar de la calidad excepcional como medallista de bronce en Barcelona y monarca en varios certámenes de la envergadura de la Copa del Mundo, Juegos Panamericanos de Mar del Plata, Campeonato Mundial, Juegos Mundiales Universitarios y el torneo Villa de París, entre otros, todas las adversarias conocían las limitaciones físicas e intentaron inútilmente agotarla o aplicarle técnicas de combate cuerpo a cuerpo con el marcado objetivo de lesionarla.

Así sucedió en los dos primeros pleitos contra la francesa Monique Batoux y la holandesa Jessica Gal, las cuales buscaron varias veces agarrarla por los antebrazos y los hombros. En tal sentido, la cubana declaró: "En los minutos iniciales de las dos primeras peleas sentí un fuerte dolor en la columna, pero en ningún momento se lo dije a mi entrenador Ronaldo Veitía por temor a la decisión de retirarme de la competencia. A la francesa la derroté por Koka 2-1 y a la holandesa con Waza Ari 7-0"

También Veitía sabía que la llegada de las semifinales supondría un mayor esfuerzo debido a la calidad de la oponente china Liu Chuang. La situación imponía alcanzar la victoria a toda costa y con firmeza dio las instrucciones a seguir: "No le des tregua, asume siempre la iniciativa en las acciones y trata de marcar rápidamente".

Driulis siguió al pie de la letra el paternal consejo y siempre llevó el dominio de las acciones hasta imponerse por Ippon 10-0. Antes del combate con la china Chuang venció por Yuko 5-0 a la británica Nicola Fairbrother y en total acumuló cuatro triunfos antes de discutir la medalla dorada con la coreana Jun Sun-Yong.

De acuerdo a los vaticinios precompetitivo, Driulis y Sun-Yong debían llegar a la final. Ellas presentaban los mejores resultados en los meses previos a la celebración de los Juegos y si algo podía impedir el enfrentamiento era el sorpresivo revés en las rondas eliminatorias.

La hoja de servicios de Jung Sun-Yong presentaba una amplia trayectoria en las lides cuatrienales, iniciada con un sexto lugar en Seúl y quinto en Barcelona. En 1995 ganó el título en el Campeonato de Asia y repitió los éxitos relevantes en la Copa Fukuoka de Japón y en los internacionales de Munich y París. Su única derrota ese año la conoció a manos de la propia Driulis en el certamen mundialista efectuado en la ciudad japonesa de Chiba.

De lleno en el combate, la guantanamera sentó cátedra y concentró la técnica en flancos vulnerables hasta decidir por Yuko 5-0. Completada la hazaña, un fuerte abrazo la fundió con su entrenador y juntos pasearon la enseña tricolor ante el público reunido en el Georgia World Congress Center, escenario de la confrontación.

Las cámaras de la TV y de los fotógrafos siguieron por todas partes a la feliz triunfadora. En idéntica dimensión, los reporteros, en especial los asiáticos, la convirtieron en el blanco preferido y uno de ellos, Nogy Sugawara, destacado comentarista de la cadena japonesa NAR, afirmó: "Su victoria es verdaderamente conmovedora. Solo los deportistas con un corazón más grande que ellos mismos son capaces de acciones de tal naturaleza".

 

(Tomado de www.bohemia.cu)

 

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