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Arte

La Edad de Oro
De julio a octubre de 1889 se publicó la revista para niños y niñas "La Edad de Oro", financiada en la ciudad de Nueva York por el brasileño Aaron D'Acosta Gomes y cuyo redactor sería José Martí
21 Oct 2014

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(Publicado en 2006)

 

 

De julio a octubre de 1889 se publicó la revista para niños y niñas "La Edad de Oro", financiada en la ciudad de Nueva York por el brasileño Aaron D'Acosta Gomes y cuyo redactor sería José Martí.

El cubano estaría encargado de todo el material, nacido de su escritura, de su formato, diseño, selección de viñetas e ilustraciones, de su espíritu mismo.

Quienes le conocían, manifestaron al Apóstol su desconcierto al verlo inmerso en una "nimiedad" como esa de escribir para la infancia. Ante tales prejuicios, su palabra vehemente defendió la que él mismo llamara "empresa de corazón, y no de mero negocio".

Y es que en la sustancia de aquellos cuatro ejemplares, interrumpida la edición cuando el dueño del negocio editorial quiso imponer sus dogmas, en aquellos volúmenes está también lo mejor de la prosa, de la fantasía martianas.

En las adaptaciones de los cuentos de autores de diversas culturas, como en su Meñique, o en la escritura de sus narraciones originales, como las de Bebé y el señor don Pomposo, Nené traviesa y la Muñeca negra, hay un despliegue de eticidad y una sensibilidad para cultivar la inteligencia, sentimientos y emociones de sus jóvenes lectores.

Para las niñas y los niños trabajaría el "padrazo", para que los caballeritos del mañana y las damitas tuvieran de qué hablar cuando forjasen sus hogares, para que el diálogo fluyera desde los corazones.

Martí amplió los horizontes con la ciencia, la cultura, el arte, la historia, e introdujo espacio para la reflexión sobre temas tan plurales como hábitos, tradiciones, costumbres de países, entonces tan desconocidos, por encontrarse en la llamada periferia, como el Anam, es decir, los pueblos de Indochina.

Llevó su revista a penetrar en la sustancia de la patria grande, nuestra América, desde sus padres fundadores —véase Bolívar, San Martín e Hidalgo— y también, en una virtual clase de antropología social, a enseñar la igualdad de la especie humana, más allá de las anticientíficas y, sobre todo, antihumanas teorías de las diferencias raciales.

Él mostró la historia de la Conquista desde las anécdotas del Padre Las Casas, introdujo el espíritu en los relatos sobre músicos, poetas y pintores, despertó el amor por la naturaleza desde el canto del ruiseñor y educó, al tiempo que ilustraba, sobre la belleza y la bondad en un implicito diálogo entre la ética y la estética.

A más de una centuria de su publicación, "La Edad de Oro" muestra la urdimbre precursora de su obra, los valores morales y conductuales de su lectura, y la valía literaria de su prosa, de una poética totalmente cuajada, la misma que respirará en los Versos Sencillos, escritos por Martí en 1890.
 

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