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Historia

El entierro más grande en Cuba
El 17 de junio de 1905 murió en La Habana Máximo Gómez Báez, el dominicano devenido cubano por derecho al convertirse en uno de los pilares de la Patria, y que en la paz continuó brindando su luz y fuerza mientras la salud se lo permitió
13 Jun 2015

 

 

A las seis de la tarde del 17 de junio de 1905, Cuba perdió, a la edad de 69 años, al Generalísimo Máximo Gómez Báez, el último de los tres grandes, junto a José Martí y Antonio Maceo, de las luchas independentistas del siglo XIX en la Isla.

Había desafiado la muerte en unos 235 combates sin sufrir más que dos heridas. Frustrado en su sueño de libertad, y  rechazando tajantemente la Presidencia de la República en la paz, se erigió como un factor de unidad y equilibrio.

Desgastado por los años de guerra, el duro y largo peregrinar, las privaciones, las largas cabalgatas, la pérdida de varios hijos y la separación de la familia, en mayo de 1905 partió desde la capital hasta el Oriente para descansar junto a su hijo Máximo y aprovechar el viaje para impugnar los planes reeleccionistas de Tomás Estrada Palma, así como promover la candidatura presidencial de Emilio Núñez.  

Asediado por el pueblo, el General fue despedido en la terminal, ubicada donde actualmente se encuentra el Capitolio; y en cada estación donde llegaba, lo esperaban para ver al hombre de audacia desmedida, al gran estratega militar. Sus viejos compañeros de armas lo recibían y escoltaban hasta la nueva partida.

En Santiago de Cuba, enfermo gravemente de una septicemia generalizada que comenzó por una lesión en la mano, el doctor José Pareda, su médico de cabecera, le indicó su traslado a la capital, a la casa de la calle Galiano que el pueblo le regaló, adonde llegó el 8 de junio. Durante el trayecto en un tren especial, le fueron practicadas dos cirugías. Lo acompañaban sus familiares; los doctores Pareda, Guimerá y Martínez Ferrer; una enfermera, y los generales del Ejército Libertador Valiente y Nodarse.

Nada tenía; no había aceptado la paga que le correspondía como Mayor General.

El día 12 por la noche, en la residencia que le alquiló el Gobierno en 5ta. esquina a D, Vedado, ya en estado de gravedad extrema le dijo al general  Emilio Núñez: “…Se te va tu amigo”. Ante el llanto de este, el mambí tuvo fuerzas para consolarlo.

El 17 por la mañana algunos funcionarios le preguntan si estima oportuna la visita de Estrada Palma y da su última orden: “…Lo reclamo. Si estoy muerto, enterradme, caballeros”. Después cae en un letargo hasta su fallecimiento. 

 

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