A pesar de dicha utilidad, esta sustancia puede tener efectos irritantes sobre nuestra piel y mucosas. Seguramente varias personas, en alguna ocasión, habrán sentido molestias en los ojos o la garganta después de un baño en la piscina. De hecho, muchas de las molestias que sentimos se relacionan precisamente con la cloración.
Los ojos y la piel resultan blancos fáciles. Las sensibles estructuras que componen a los primeros, y la vulnerabilidad que alcanza la última luego de algunas horas expuesta a la humedad, provocan la aparición de irritaciones y otros signos que indican daños producidos por el cloro.
Sin embargo, sin su efecto antiséptico, los microorganismos proliferarían causando estragos mayores a nuestra salud.
Combinaciones incompatibles
Es cierto que mientras disfrutamos en una playa, laguna o río, las ganas de orinar se incrementan. La presión que ejerce el agua sobre la vejiga es culpable de ello.
Pero, si estamos en una piscina, dejarse llevar por tales deseos puede ser lamentable, pues las sustancias empleadas para purificar el agua al contacto con determinados elementos podrían dañar la salud.
En tal sentido, investigadores españoles aseguran que los desinfectantes más comúnmente usados son cloro y bromo, que producen a su vez otras sustancias cuya combinación con los componentes de la orina, el sudor, células de la piel, perfumes e incluso cabellos, provoca cambios en los genes de los nadadores. Además, la exposición a la mezcla de orina y cloro genera efectos respiratorios, entre ellos, mayor riesgo de sufrir asma.
Por otro lado, especialistas chinos y estadounidenses tomaron muestras de varias piscinas y comprobaron que había cantidades significativas de compuestos químicos, resultado de la interacción entre el cloro y la orina.
En este sentido, los expertos advirtieron que algunos de esos compuestos podían afectar el corazón, los pulmones y el sistema nervioso central.
Oídos sordos
Después de los primeros Juegos Olímpicos en 1896, las piscinas incrementaron su número en diferentes naciones. La cantidad de trofeos que la natación ponía en disputa y la posibilidad que daba de lograr ventaja en el medallero, despertó el interés de autoridades atléticas y numerosas personas que soñaban con la gloria deportiva. Los entusiastas se contaban por decenas.
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