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Cuando nos enamoramos profundamente, enseguida lo notamos. Cambiamos la manera de actuar, de vestirnos, de sentir, hasta la forma de pensar. En nuestro interior convergen disímiles emociones y sensaciones; a veces imposibles de expresar. Es preciso pasar por la experiencia para comprender lo que realmente sucede.
Pero no siempre es posible darse cuenta. En muchas ocasiones los más jóvenes creen estar enamorados sin que así sea; en otras, ni siquiera lo saben, les resulta difícil determinar si sienten amor, atracción u obsesión hacia otras personas. Sin embargo, esto no es motivo de alarma. De vez en cuando es necesario valerse de diferentes técnicas que ayudan a entender aquello que no puede descifrarse con facilidad. Se va aprendiendo a reconocer al amor con la ayuda de la experiencia.
Una forma sencilla para comprobar qué sentimos, es observar a la persona “objeto” de nuestro sentimiento. Percibir con detalle cómo se expresa, su forma de actuar o dirigirse a los demás permite revelar si hay algo que nos desagrade o cause desilusión. Quizá advirtamos alguna actitud negativa y cambie nuestro parecer, o por el contrario, lo refuerce.
Lo próximo será conocer de cerca al objetivo. ¿Cómo? Muy fácil: conversando, intercambiando información sobre gustos o aspectos que disgustan, saliendo a pasear, evaluando el desenvolvimiento en distintos ámbitos; es decir, buscando una identificación mutua. Este paso es muy importante, porque no solo permite valorar a nuestra futura media naranja, sino que también la otra parte podrá hacerlo sobre nosotros, concretar expectativas, etcétera.
Al realizar el pequeño “experimento” que sugerimos anteriormente, se conocen las virtudes, defectos, tinos y desatinos del individuo en cuestión. Sin percatarnos, comienza la preocupación por sus asuntos o problemas, y si al final seguimos interesados, sin importarnos otra cosa que continuar compartiendo alegrías, penas y todo cuanto acontece; entonces es una buena señal que indica el paso de una simple atracción a un sentimiento más profundo.
Nadie se enamora de la noche a la mañana. Podemos quedar impactados, cautivados a simple vista; pero el amor viene con el tiempo, el cariño, el roce, y cuando disculpar cosas nunca antes toleradas llega a convertirse en algo frecuente. Y aunque no todo puede perdonarse, en una relación basada en respeto, admiración, paciencia y dedicación se puede aprender a hacerlo, siempre y cuando no vaya en contra de nuestra ideología y moral.
No temamos enfrentar la incertidumbre o ser los primeros en dar el paso. Enamorarse resulta una experiencia única y adorable, pues a fin de cuentas, ¿quién sabe realmente si detrás de una duda se esconde el amor de nuestras vidas?
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