Distrés o estrés negativo
Eventos progresivos o a largo plazo causan también estrés que, al volverse perdurable, ocasiona serios problemas de salud.
El sistema nervioso siente una presión continua y se mantiene activo, liberando hormonas adicionales durante un período prolongado. Esto agota las reservas corporales y hace que nos sintamos agobiados; por ende, debilita el sistema inmunológico.
Es cuando hablamos de distrés, que aparece luego de sobreesfuerzos continuos para afrontar acontecimientos que nos desbordan.
Relación adolescente-estrés
Si en un adulto, que se supone preparado, resulta difícil enfrentarlo, ¿cómo han de sentirse los adolescentes afectados por situaciones límite? Constantemente jóvenes y adolescentes se exponen o son expuestos (a veces sin darse cuenta) a escenarios estresantes.
Para conocer cuáles son las causas más frecuentes en estos tiempos, recurrimos a la doctora Ida Fernández Inufio, especialista de Primer Grado en Psiquiatría Infanto Juvenil.
“Son diversos los factores que golpean física y psicológicamente a nuestros adolescentes, causándoles estrés —comenta—. Están las demandas y frustraciones en la escuela, no saber priorizar cuando tienen demasiados objetivos que cumplir, vivir en un lugar amenazante, el divorcio entre los padres y problemas económicos en el hogar.
“Pueden presentarse conflictos con la familia reconstituida, problemas en la dinámica familiar y en la comunicación y, por ende, no entrar en acuerdos con los adolescentes.
“También es importante señalar dos temas que han pasado a ser medulares y procuradores de estrés en este grupo etáreo: la orientación vocacional y las pruebas de ingreso”.
Las consecuencias de no abordar de manera correcta el mal son a menudo lamentables. Al respecto nos alerta la especialista: “Pueden aumentar la ansiedad, la timidez, la agresividad, aparecer trastornos en la piel y digestivos. La memoria y la atención tienden a disminuir, se vuelven más propensos a sufrir accidentes e intentos suicidas, así como a tener relaciones promiscuas, y en muchos casos recurrir al alcohol y drogas como vías de escape”.
La buena noticia radica en que el estrés es evitable y se puede combatir. De hecho, la doctora Fernández sugiere algunas acciones útiles para revertir el proceso: “Es importante desarrollar en edades tempranas la autoestima, hay que enseñar al adolescente a conocerse, quererse, aceptarse física e intelectualmente. Tenemos que velar por una buena comunicación dentro o y fuera del hogar. Es vital que nuestros jóvenes se sientan apoyados por los adultos que los rodean.
“La garantía de que exista el tiempo libre y que sea aprovechado al máximo es muy buena en estos casos. Realizar actividades físicas, comer sano y con regularidad, disminuir la ingestión de cafeína y evitar el uso de drogas y alcohol resulta efectivo y el cuerpo siempre lo agradece”.
Aprender a pensar que los retos son oportunidades y que las circunstancias difíciles no tienen por qué eternizarse, suele ayudar.
Ya lo dijimos: un poquito de estrés en nuestras vidas, que nos impulse a alcanzar metas, es siempre bienvenido. Pero cuando se acumula y nos supera aconsejamos pedir ayuda y consejos.
Por lo demás, acostumbrémonos a decir “deseo” en vez de “necesito”, “elijo” en lugar de “tengo que”. Trabajemos en función de alejar ese mal que azota a toda la humanidad, sin distinción de sexo, credo o grupo etáreo.
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